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Londres

Son casi las seis de la mañana y llovizna en Londres. El pavimento es un espejo sobre el que resuenan mis tacones con cada paso. Camino sobre los altísimos edificios de la city de vuelta a casa. La ciudad está desierta y en la primera media hora de camino sólo me cruzo con un señor mayor en manga corta que sostiene un paraguas con sus manos vestidas con guantes turquesa. Se sorprende al verme, estoy segura de que es su ruta habitual y no acostumbra a cruzarse con nadie a esas horas y por esas calles.En mi cabeza suena Disarm, de los Smashing Pumpkins. Hemos pasado horas en casa de Steindor escuchando a The Velvet Underground, bebiendo cerveza y hablando un poco sobre todo y sobre nada a la vez. Se nos ha hecho de día y una brisa agradable y fresca entraba por la ventana, junto a la que estaba sentada. Cuando una conversación empezaba a agonizar cerraba los ojos y disfrutaba del silencio, del olor a hierba mojada, de la música. Me he acordado de Disarm y la he puesto a sonar. De pronto todos nos hemos callado y hemos empezado a cantarla en voz baja, yo al menos me la cantaba a mí misma. “The killer in me is the killer in you.” Cuando he empezado a sentir que estaba con viejos amigos a los que hacía años que no veía y a los que probablemente no volvería a ver nunca, le he dado un beso a cada uno y me he marchado antes de que la nostalgia se apoderara de mí por completo. Luego he caminado hasta mi casa durante una hora, con mis pasos resonando en la ciudad dormida y Disarm sin parar de sonar en mi cabeza demasiado despierta.

Aburrimiento

Tras un breve paseo por los blogs de unos y otros, perfectos conocidos y desconocidos -todo sea con tal de no escribir la tesina- caigo en la cuenta de algo tan evidente que me dan ganas de palmotearme la frente y decirme a mí misma, aquí en la biblioteca, delante de todos: ¡¿y ahora te das cuenta, espabilá?! “La gente se aburre hasta el tedio en verano”. Una obviedad como una catedral, se empeñen en decir lo contrario los anuncios de cerveza. Que sí, que en verano hay buen rollito, terracitas, amiguitos, ligues de verano, bailoteo, viajecitos, playa, sol y todo lo que vosotros queráis, Estrella Damm, pero la verdad es que para la mayoría el verano es un auténtico rollo la mayoría del tiempo.

Habla una que teniendo suficiente tiempo libre a lo largo del curso ha disfrutado de entre tres y cuatro meses de vacaciones, con cero preocupaciones, durante los últimos cinco veranos. Que no me quejo, que conste, pero aburrirme me he aburrido un rato. Y este año no tengo vacaciones propiamente dichas (que sí, que no tengo clase, pero aunque no haga nada no me quito la tesina de la cabeza), y aunque probablemente sea el que más las necesite casi que me alegro de que se vean reducidas a menos de un mes y en Septiembre. Yo leo los blogs de unos y de otros y todos los que escriben se aburren mucho. Claro que si estás disfrutando del verano, propiamente dicho, abandonas el blog y ya lo contarás cuando te aburras de nuevo. En verano hace calor y las rutinas se paran, y la gente está fuera de lugar. Los que han trabajado duro y tienen pocas vacaciones se pasan la mayor parte del tiempo en un estado semi-comatoso, tratando de reunir fuerzas para volver a gastarlas en los siguientes once meses, y los que han trabajado más bien poco se amoldan a una rutina de no hacer nada todavía más incómoda si cabe, sin saber en qué emplear las energías acumuladas.

Para mí los veranos, que se suelen extender de junio a octubre, suelen consistir en un 30% de aburrimiento insoportable que me consume tumbada en un sofá -el que sea-, un 30% de aventura inolvidable en algún punto de la geografía mundial -el que sea- y un 10% de lo que las marcas de cerveza nos venden como verano arquetípico. El otro 30% (y esto lo he calculado tirando por lo bajo) me lo paso durmiendo tanto de día como de noche, de manera premeditada, con tal de acortar el tiempo que estoy despierta y así mermar el sufrimiento que supone cada día de reclusión forzada (huyendo del calor) y consiguiente aburrimiento inevitable.

Este año mi verano, como quien dice, ha durado dos semanas. Ahora estoy en Londres, donde casi me alegro de que mi rutina de los últimos cinco años se vea modificada y convertida en un 40% de trabajo, un 25% de sueño, un 15% de actividad física y un 10% de actividades recreativas (sociales o no). Me quejaré mucho sobre mi tesina, sobre no tener vacaciones, sobre que en Londres hace mal tiempo y sobre que aquí las sandías no saben a nada y encima tengo que fregarme yo los platos. Pero al menos no voy a aburrirme y a venir aquí a contároslo. No sé cómo no había caído antes, de veras. El verano es un rollo, os lo dice una con experiencia. Y quien no se consuela es porque no quiere.

Impresiones

Son las dos de la madrugada y vuelvo a casa conduciendo en una noche calurosa que por fin empieza a refrescar. Las calles están desiertas, las ruedas de mi coche parecen deslizarse más suavemente de lo normal por el asfalto liso, casi líquido. Muy ocasionalmente me cruzo con algún otro vehículo que no es más que dos puntos luminosos en la distancia que me sobrepasan en silencio, como  extraños fantasmas. Sólo los puedo ver yo, pienso. Uno de ellos levanta polvo a su paso y cuando ya nos hemos cruzado reparo en que se trataba de un camión gigantesco. Apenas hay ruido. Una señora mayor explica en voz muy baja en la radio que viene de escuchar a Serrat en un concierto, y las voces que salen de la radio se cuelan en el coche también como espíritus que existen sólo para mí en ese momento. Llego a mi urbanización de calles completamente vacías. Bajo el volumen de la radio hasta que se vuelve casi imperceptible. Levanto el pie del acelerador hasta dejar que el coche prácticamente se detenga. Ante mí hay una rotonda y si no giro el volante me estrellaré contra ella. Probablemente no sea más que un golpecito, ya que el coche está casi quieto ya. Giro el volante en el último momento, aunque sin brusquedad, justo cuando oigo a mi padre preguntarme por el parachoques destrozado: mejor ahorrarse explicaciones. Hay gatos que se cruzan en mi camino, y cuando ya me acerco a casa miro hacia la izquierda en la perpendicular a mi calle: está extraordinariamente oscura. Tan oscura que me impresiona. Me acuerdo de cuando escribía poesía: le escribiría un poema a esa calle oscura que es sólo un agujero entre los árboles preñados de hojas plateadas en la noche. No parece que exista nada más allá de esa calle: de pronto el fin del mundo está justo al lado de la casa en la que me crié.

Verano

Cuando sale el Sol, Londres parece otra ciudad. En los últimos días he paseado por Marylebone, he jugado al frisbee Regent’s Park, he comido sushi en St. James’ Park, he disfrutado de las vistas nocturnas desde el jardín de la azotea de uno de los clubes más exclusivos de Mayfair y he probado quesadillas a la brasa regadas con Pimm’s con limonada y rodajas de pepino en una multitudinaria barbacoa en un calurosísimo domingo en Victoria Park. La buena vida durante unos pocos días, una pequeña cura para el alma.Hoy se me ha cerrado la última puerta a la que había llamado pidiendo oportunidades de cara al curso que viene. Aunque estoy bastante decepcionada, no voy a negarlo, creo que me lo tomaré como una señal. Estos pocos días de descanso han sido un prisma desde el que ver el mundo de otra manera, como hacía mucho que no lo miraba. A lo mejor esta falta de planes es una buena oportunidad para seguir haciendo lo mismo. Poco a poco he ido dejando de tomarme en serio la vida. Y es ahora, con esta ligereza, con esta despreocupación, cuando más fácil se me hace no tomar ninguna decisión respecto a nada. No sé si esto es una liberación o una condena. El tiempo dirá.

Quemando cartuchos.

Ya ha llegado ese momento del año. Se acaba el curso. Otra vez. Vengo de reencontrarme en Madrid y Barcelona con gente a la que hacia mucho que no veia. Cuando me preguntan que que tal este año, casi siempre miento. Digo que bien, que muy exigente, que muy ocupada. No estoy contradiciendo a la verdad exactamente, pero esa descripcion es una mentira piadosa (conmigo). No encuentro las palabras para describir este año. Si fuera totalmente sincera tendria que responder que oscuridad, que soledad, que tristeza, que desilusion. Me sobrarian los verbos en un año en el que he estado mas vacia que nunca. Podria decir lluvia, aburrimiento, angustia, hastio, alienacion. Podria decir libros, dolores de cabeza, hambre, nauseas, frustracion. Decir que bien, que trabajando mucho, que muy ocupada, es para mi una mentira. Tengo la impresion de que este año nunca ha pasado: todos los dias iguales, he estado sedada, semiinconsciente. Y ha habido dias y dias, evidentemente. No estoy negando alguna risa, alguna anecdota. Pero ahora cuando miro hacia atras son solo imperfecciones que se disuelven en un perfecto nihilismo. Ha sido un año de todo y de nada. Metafisica pura, que diria Heidegger. Ha sido el año en el que he convivido con la nada.

Nada me parece real ahora. Hubo un momento en el que todo cambio, algo hizo click y las cosas empezaron a funcionar de otra manera. Salio el sol, se termino el curso, ya no vivia en un agujero. Por delante me quedaban los examenes -un mero tramite- y todo el verano a disfrutar en Londres, escribiendo la tesina. Cuando ya me he despertado miro hacia adelante, y veo tres cosas. Primero, que en Londres el verano no existe. Segundo, que Londres esta perdiendo todo su brillo. De pronto ayer caminaba hacia el gimnasio y me daba cuenta de que Inglaterra no tiene nada que ver con Espana. Tercero, que el verano es demasiado corto. Como he ido explicando durante todo el curso, lo que viene despues del verano es pura incertidumbre. Y no se si no me importa en absoluto o es que me preocupa demasiado.

Se acaba el curso y mando a casa por correo el paquete de rigor con todo lo que me sobrara en el ultimo vuelo. Reminiscencias de todas las veces que he hecho eso ya: he vivido en seis sitios distintos en los ultimos cinco años. Me he ido despojando de tantas cosas a lo largo del tiempo que ahora que no tengo patria empiezo a echarla de menos. Siento que esta vez estoy haciendo las maletas en serio. Antes hacia y deshacia maletas con alegria, todo tenia caracter temporal en mi vida y daba gracias por ello. Ahora no lo hago con una incertidumbre alegre e ingenua, como todas las otras veces. Ahora cierro tras de mi una puerta y no se ni a donde me lleva. Nos hacemos mayores y se nos terminan las oportunidades, le decia a Albert el otro dia. Elegir nunca ha sido lo mio, esta claro.

Update

Bueno, ya era hora de que pasara a saludar por aquí. He estado muy (des)ocupada y por eso no escribía. Un update así en general, para que sepáis cómo me va la vida (si es que os interesa). Es largo así que podéis dosificarlo en varias lecturas, que a mí me da pereza hacerlo en varios posts:- Montaña rusa: Montaña rusa emocional.  Up and down and up and down and up, y así sucesivamente. Me imagino que la medicación, el London weather (de sol a granizo en menos de 30 segundos, de las sandalias al jersey en menos de 12 horas), el tiempo libre, los exámenes, y otras novedades que vendrán después tienen bastante que ver. Parece que no, pero esto de la inestabilidad cansa y absorbe mucho, mucho tiempo.- Mudanza: Me mudé. Estando en Sevilla por primera vez en mi vida no quería volver. En Sevilla hacía Sol, la comida estaba rica, disfrutaba de la compañía de mi papá y no tenía nada que hacer. Lo mismo de siempre, pero esta vez además lo disfrutaba en lugar de angustiarme temiendo la muerte por aburrimiento. Cuando volví a Londres, de camino del metro a mi habitación, pensé: “bueno, esto tampoco está tan mal. No hace tan mal tiempo. Aquí puedes comer sushi a diario. Londres es bonito y te encanta.” Y luego entré en mi habitación de mierda, sin luz del día, con su microbaño de plástico blanco, la moqueta sucia y vieja, la maravillosa vista al muro de ladrillo y la mierda de paloma y los ruidos y vibraciones del metro, el ventilador industrial del edificio de al lado y las lavadoras situadas justo debajo y me entraron ganas de suicidarme. En dos semanas estoy fuera de aquí, me dije. Y en dos semanas me había mudado. Vivo en el cuarto más grande y más bonito en el que he vivido nunca. Tengo un colchón doble de latex y una tele de plasma para mí solita. La pared de detrás de mi habitación es un ventanal que da a mi terraza privada. Me duermo viendo pelis bonitas y me despierto con la luz del sol. Vivo con dos estudiantes de arte dramático increíblemente limpios (siempre dentro de los estándares ingleses, eso sí) y responsables para ser su primer año fuera de casa. Y todo a menos de 15 minutos a pie de la universidad. Aunque todo tiene un precio, claro.- Exámenes: La motivación me asaltó, finalmente, hará unas cinco o seis horas. Me desperté en mitad de la noche y pensé: “Paula, llevas dos meses de vacaciones. Tienes exámenes en diez días. Nada de lo que has hecho durante el curso estará en tus notas finales. Te parecen fáciles estos exámenes pero precisamente por eso deberías intentar hacerlo mejor. Ponte a estudiar.” Así que ahora aunque sean ya las 14.42 y esté en mi terraza tomando el sol juro que no pienso salir hoy de la biblioteca hasta que haya terminado el ensayo sobre el rol de la tradición en Popper y Oakeshott que he reescrito ya dos veces. Y mañana me pongo con historia (aka la peor elección de mi vida so far) Palabra.- Películas: como tengo una tele de plasma y la anterior ocupante fue tan amable de dejarme la mitad de sus dvd’s veo muchas pelis (y también me he vuelto adicta  QI de Stephen Fry). Gomorrah ha sido la primera peli en muchísimo tiempo que no he sido capaz de terminar, vaya aburrimiento. No Country for Old Men, buenísima. Bravo. Ya estaba perdiendo mi fe en el cine cuando la vi. Sin palabras, una obra maestra. Juno, divertida y sin pretensiones, cumple lo que promete. Ellen Page genial, personajes bonitos, aunque  la estética es asquerosamente indie y me echa un poco para atrás, por ponerle algún pero. The Reader: ¿de verdad era necesario hablar en inglés con acento alemán? Lo siento pero así no me tomo nada en serio, por muy buena que sea Kate Winslet y muy bueno que esté el prota, y muy cuidada que esté la fotografía. Lo mejor es la historia pero es una adaptación, y además sospecho que mala. Me gustó a pesar de todo. Into the Wild: estuve toda la película pensando “Sean Penn, no te flipes, que nadie tiene el valor de hacer una cosa así…” y al final me entero de que es una historia real, y no pude dormir. Lo que nos lleva al siguiente apartado.- Futuro: después de una marcadísima crisis existencial en la que decidí tomarme un año de vacío y luego rectifiqué abriendo cuatrocientos frentes sin tener mucha preferencia por uno o por otro, ya van llegándome las negativas. Pedí un doctorado (con muy poca seriedad, todo hay que decirlo) y me han rechazado. Pedí varios trabajos y en todos me han dicho que no. Me quedan tres o cuatro opciones más, irresolutas aún, de las que prefiero no hablar por ahora. Pero en general viendo pelis como Into the Wild, leyendo novelas como On the Road o The Graduate cada vez tengo más claro que en realidad no tengo ni idea de qué es lo que quiero hacer con mi vida, y que además eso importa poco. Ya me saldrá algo, de momento no tengo prisa. Me toca descansar, creo. Eso sí, primero a estudiar, que ya he dado mi palabra.

Informe de evaluación.

Año académico 93-94, segunda evaluación, comentario general:Paula participa activamente en todas las actividades de grupo, es muy solidaria y le gusta ayudar a sus compañeros. Su nivel dentro de clase es muy bueno, así como su ritmo de trabajo. Es muy cuidadosa y meticulosa a la hora de presentar los trabajos, los cuales están siempre en perfecto orden. Su comportamiento y modales son excelentes. En inglés participa mucho y evoluciona con facilidad.  En el comedor no presenta problemas. Lo que se corrompe una con los años, ¡qué barbaridad!

On the road.

“I woke up as the sun was reddening; and that was the one distinct time in my life, the strangest moment of all, when I didn’t know who I was - I was far away from home, haunted and tired with travel, in a cheap hotel room I’d never seen, hearing the hiss of steam outside, and the creak of the old wood of the hotel, and footsteps upstairs, and all the sad sounds, and I looked at the cracked high ceiling and really didn’t know who I was for about fifteen strange seconds. I wasn’t scared; I was just somebody else, some stranger, and my whole life was a haunted life, the life of a ghost. I was half-way accross America, at the dividing line between the East of my youth and the West of my future, and maybe that’s why it happened right there and then, that strange red afternoon.”  (On the Road, Jack Kerouac).Una vez leído ese parrafito, nada más empezar la novela, me sentí tentada de parar: para qué tomarme la molestia de seguir cuando ya había leído una de las mejores frases jamás escritas en la literatura universal. Hablé con Alberto esa misma noche y le dije que tenía la impresión de que yo era Kerouac reencarnado. El problema es que yo no sé si viajo para sentirme así, o para dejar de sentirme así.

Se busca.

Señoras y señores: he perdido la ambición. Si alguien la ve que me la devuelva, por favor. Ha estado bien esto de vivir sin ella una temporada, para acostumbrarme y eso. Decidle que no la voy a necesitar más por las mañanas, al levantarme, ni tampoco por la noche cuando me haga dos kilómetros más de lo previsto sin haber tenido tiempo de cenar, que tendrá muchas horas libres y encontrará otras formas mejores de divertirse que puteándome. Que yo voy a ser justa con ella si ella lo es conmigo. Pero que por favor venga y me ayude cuando me tenga que pasar diez horas seguidas en la biblioteca investigando sobre algo que me interesa más bien poco, que si no, no hay manera. Decidle que soy muy joven para haberla perdido, a ver si cuela. Y no le hagáis caso si os dice que precisamente por eso se ha ido, que ya la necesitaré más adelante para temas más importantes. Que con tanto postponer metas acabamos siempre peleadas.

Cumberland Lodge



Room 1, originally uploaded by Anything you want.

He vuelto de pasar tres días aquí. Por las mañanas me levantaba, me bañaba en nuestro cuarto de baño al más puro estilo inglés (es decir, sin ducha y tan grande que cabían dos butacas junto a la bañera), y luego abría las cortinas de nuestra habitación para admirar las vistas de la campiña de Windsor, lago y ovejitas incluídas, el palacio real un poco más allá.
El desayuno (al más puro estilo inglés, con mucho colesterol y verduras a la plancha) era el pistoletazo de salida del maratón de comidas -preparadas por un award winner chef- y conferencias al que terminé rindiéndome. Nada mejor que un tea and cake break entre workshop y lecture para reponer fuerzas, o unas cervezas junto a la chimenea al volver de dar un largo paseo por los verdes prados. Hay unas pocas fotos en mi flick, merece la pena mirarlas para hacerse a la idea. LSE tendría que ser esto, le comentaba a Giovanna mientras subíamos las escaleras barrocas esquivando esculturas y admirando tapices para recoger nuestras maletas al marcharnos-I couldn’t agree more, what else can I say!- me contestó ella.

Flickr

This is a test post from flickr, a fancy photo sharing thing.

Worth reading

Teneis que leer esto!

Gracias por leerme.

Ayer fui a mi antiguo colegio, y supe que mis profesores me leen. Intimida un poco, la verdad. Si lo hacen es seguramente porque yo les invité a hacerlo hace dos años, cuando abrí este blog con la intención de que se convirtiera en un amable catálogo de anécdotas sobre mi vida como erasmus en Londres. No sé muy bien cómo pero aquello ha degenerado hasta que este blog se ha convertido en el refugio al que vengo a contar las cosas que no puedo callarme pero que tampoco me atrevo a decir en ningún otro contexto. Ayer me preguntaron varias veces si seguía escribiendo,  y aunque me sentía tentada de responder con otra pregunta (”¿escribía antes?”), contesté que no, que no tengo tiempo, las varias veces. Luego conduciendo de vuelta a casa me pregunté lo mismo:¿escribías antes? ¿sigues escribiendo? , y me tuve que decir que sí a la primera, y que no lo sé a la segunda. Ya no escribo como antes. Antes escribía por pura necesidad, con una pasión tan bochornosa que ocultaba y terminaba destruyendo prácticamente todo lo que producía. Era un proceso casi fisiológico, y como tal me proporcionaba el hondo placer de estar completando una demanda forzosa, inevitable. No lo elegía, simplemente tenía que hacerlo. Y por eso mismo no necesitaba compartirlo, ni siquiera conservarlo: con haberlo escrito era suficiente.

Me acordé de cuando aquellos profesores me daban clase, de lo mucho que los necesité, y no precisamente como meros transmisores de conocimiento académico. Me di cuenta de lo mucho que me he endurecido desde entonces, y sentí un poco de compasión hacia la yo que tanto sufría y escribía para calmar el dolor. La tragedia adolescente en estado puro con todos los agravantes posibles. Una vez pasado aquello-es decir, ahora- la escritura se convierte en otra cosa. Vengo aquí y escribo. Es pura indulgencia, no es necesidad. Si no encuentro la palabra que necesito no me detengo y respiro hondo  mientras siento que se abre camino dentro de mi pecho, angustiada, sino que como mucho congelo mis dedos encima del teclado durante unos pocos segundos revisando el tesauro gigante que es mi cabeza. Y si no aparece, sigo tecleando. No releo lo que escribo, no me hace falta. Sólo cuento cosas, no intento curar nada con estas letras. Y sin embargo, sigue habiendo algo oscuro y desbordantemente íntimo en todo lo que aquí se publica. No me gusta que se me pidan explicaciones acerca de lo que aquí escribo, me siento muy avergonzada. Soy más tímida y cobarde de lo que creía, supongo, y necesito esta careta. Pero también es que no puedo explicar nada de lo que escribo. No sé por qué escribo. Lo necesito pero ya no es imprescindible.

Ayer en el coche pensaba que a pesar de todo me gusta saber que mi antiguo profesor me lee. La escritura ha pasado de ser secreta a abiertamente pública. Yo no me releo, pero tampoco tengo que destruir lo que he escrito. Esto es un diario pero no es solamente mío.  Si no se leyera, serían solamente letras amontonadas. Una de mis profesoras del colegio preguntaba un día si creíamos que una obra literaria puede considerarse como tal si nunca se publica, y muy enardecidamente traté de argumentar que claro que se puede, era tan evidente que ni entendía la pregunta. Ahora la entiendo mucho mejor, y no sabría que responder. Si no se leyera, lo que escribo sería sólo la realización de un instinto. No escribo con el lector siempre en mente, pero al terminar presiono un botón en el que está impreso “publish”, que le da sentido a esta entrada. En vuestras voces mis letras se despiertan. Escribo para mí, pero os necesito a vosotros, lectores.   Muchas gracias por leerme.

One size fits all

A la izquierda, una tal Jacquelyn Jablonski de la que no había oído hablar en mi vida. A la derecha, Crystal Renn, a la que admiro desde hace mucho tiempo.

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Fox in the snow



Fox in the snow, originally uploaded by dave millers photos.

Alberto me enviaba el link a un clip sobre la canción que posteé. Yo le comentaba que la imagen que crea esa primera estrofa para mí es más bien algo así. Y al encontrar esta foto- que no es mía- no puedo sino publicarla y compartirla con vosotros. Todos los encuentros que he tenido con zorros han sido mágicos, tal vez por lo inesperado, ahora que lo pienso. Siempre de madrugada, en Londres, al volver a casa caminando sola… y entre el hormigón y el alquitrán de la ciudad me sorprende un zorro, sigiloso, huyendo de los únicos pasos que se han acercado en un buen rato, los dos igual de sorprendidos.