Artículos+recientes

Se busca.

Señoras y señores: he perdido la ambición. Si alguien la ve que me la devuelva, por favor. Ha estado bien esto de vivir sin ella una temporada, para acostumbrarme y eso. Decidle que no la voy a necesitar más por las mañanas, al levantarme, ni tampoco por la noche cuando me haga dos kilómetros más de lo previsto sin haber tenido tiempo de cenar, que tendrá muchas horas libres y encontrará otras formas mejores de divertirse que puteándome. Que yo voy a ser justa con ella si ella lo es conmigo. Pero que por favor venga y me ayude cuando me tenga que pasar diez horas seguidas en la biblioteca investigando sobre algo que me interesa más bien poco, que si no, no hay manera. Decidle que soy muy joven para haberla perdido, a ver si cuela. Y no le hagáis caso si os dice que precisamente por eso se ha ido, que ya la necesitaré más adelante para temas más importantes. Que con tanto postponer metas acabamos siempre peleadas.

Cumberland Lodge



Room 1, originally uploaded by Anything you want.

He vuelto de pasar tres días aquí. Por las mañanas me levantaba, me bañaba en nuestro cuarto de baño al más puro estilo inglés (es decir, sin ducha y tan grande que cabían dos butacas junto a la bañera), y luego abría las cortinas de nuestra habitación para admirar las vistas de la campiña de Windsor, lago y ovejitas incluídas, el palacio real un poco más allá.
El desayuno (al más puro estilo inglés, con mucho colesterol y verduras a la plancha) era el pistoletazo de salida del maratón de comidas -preparadas por un award winner chef- y conferencias al que terminé rindiéndome. Nada mejor que un tea and cake break entre workshop y lecture para reponer fuerzas, o unas cervezas junto a la chimenea al volver de dar un largo paseo por los verdes prados. Hay unas pocas fotos en mi flick, merece la pena mirarlas para hacerse a la idea. LSE tendría que ser esto, le comentaba a Giovanna mientras subíamos las escaleras barrocas esquivando esculturas y admirando tapices para recoger nuestras maletas al marcharnos-I couldn’t agree more, what else can I say!- me contestó ella.

Flickr

This is a test post from flickr, a fancy photo sharing thing.

Worth reading

Teneis que leer esto!

Gracias por leerme.

Ayer fui a mi antiguo colegio, y supe que mis profesores me leen. Intimida un poco, la verdad. Si lo hacen es seguramente porque yo les invité a hacerlo hace dos años, cuando abrí este blog con la intención de que se convirtiera en un amable catálogo de anécdotas sobre mi vida como erasmus en Londres. No sé muy bien cómo pero aquello ha degenerado hasta que este blog se ha convertido en el refugio al que vengo a contar las cosas que no puedo callarme pero que tampoco me atrevo a decir en ningún otro contexto. Ayer me preguntaron varias veces si seguía escribiendo,  y aunque me sentía tentada de responder con otra pregunta (”¿escribía antes?”), contesté que no, que no tengo tiempo, las varias veces. Luego conduciendo de vuelta a casa me pregunté lo mismo:¿escribías antes? ¿sigues escribiendo? , y me tuve que decir que sí a la primera, y que no lo sé a la segunda. Ya no escribo como antes. Antes escribía por pura necesidad, con una pasión tan bochornosa que ocultaba y terminaba destruyendo prácticamente todo lo que producía. Era un proceso casi fisiológico, y como tal me proporcionaba el hondo placer de estar completando una demanda forzosa, inevitable. No lo elegía, simplemente tenía que hacerlo. Y por eso mismo no necesitaba compartirlo, ni siquiera conservarlo: con haberlo escrito era suficiente.

Me acordé de cuando aquellos profesores me daban clase, de lo mucho que los necesité, y no precisamente como meros transmisores de conocimiento académico. Me di cuenta de lo mucho que me he endurecido desde entonces, y sentí un poco de compasión hacia la yo que tanto sufría y escribía para calmar el dolor. La tragedia adolescente en estado puro con todos los agravantes posibles. Una vez pasado aquello-es decir, ahora- la escritura se convierte en otra cosa. Vengo aquí y escribo. Es pura indulgencia, no es necesidad. Si no encuentro la palabra que necesito no me detengo y respiro hondo  mientras siento que se abre camino dentro de mi pecho, angustiada, sino que como mucho congelo mis dedos encima del teclado durante unos pocos segundos revisando el tesauro gigante que es mi cabeza. Y si no aparece, sigo tecleando. No releo lo que escribo, no me hace falta. Sólo cuento cosas, no intento curar nada con estas letras. Y sin embargo, sigue habiendo algo oscuro y desbordantemente íntimo en todo lo que aquí se publica. No me gusta que se me pidan explicaciones acerca de lo que aquí escribo, me siento muy avergonzada. Soy más tímida y cobarde de lo que creía, supongo, y necesito esta careta. Pero también es que no puedo explicar nada de lo que escribo. No sé por qué escribo. Lo necesito pero ya no es imprescindible.

Ayer en el coche pensaba que a pesar de todo me gusta saber que mi antiguo profesor me lee. La escritura ha pasado de ser secreta a abiertamente pública. Yo no me releo, pero tampoco tengo que destruir lo que he escrito. Esto es un diario pero no es solamente mío.  Si no se leyera, serían solamente letras amontonadas. Una de mis profesoras del colegio preguntaba un día si creíamos que una obra literaria puede considerarse como tal si nunca se publica, y muy enardecidamente traté de argumentar que claro que se puede, era tan evidente que ni entendía la pregunta. Ahora la entiendo mucho mejor, y no sabría que responder. Si no se leyera, lo que escribo sería sólo la realización de un instinto. No escribo con el lector siempre en mente, pero al terminar presiono un botón en el que está impreso “publish”, que le da sentido a esta entrada. En vuestras voces mis letras se despiertan. Escribo para mí, pero os necesito a vosotros, lectores.   Muchas gracias por leerme.

One size fits all

A la izquierda, una tal Jacquelyn Jablonski de la que no había oído hablar en mi vida. A la derecha, Crystal Renn, a la que admiro desde hace mucho tiempo.

One size fits all

Fox in the snow



Fox in the snow, originally uploaded by dave millers photos.

Alberto me enviaba el link a un clip sobre la canción que posteé. Yo le comentaba que la imagen que crea esa primera estrofa para mí es más bien algo así. Y al encontrar esta foto- que no es mía- no puedo sino publicarla y compartirla con vosotros. Todos los encuentros que he tenido con zorros han sido mágicos, tal vez por lo inesperado, ahora que lo pienso. Siempre de madrugada, en Londres, al volver a casa caminando sola… y entre el hormigón y el alquitrán de la ciudad me sorprende un zorro, sigiloso, huyendo de los únicos pasos que se han acercado en un buen rato, los dos igual de sorprendidos.

Fox in the snow

Where do you go to find something you could eat?

Cause the word out on the street is you are starving.
Don’t let yourself grow hungry now,
don’t let yourself grow cold
fox in the snow…

Belle and Sebastian – The Fox In The Snow

En Sevilla hace sol.

En Sevilla hace Sol. Y los árboles crujen levemente mecidos por una brisa suave, derramando hojas secas sobre la grama firme y de un verde rabioso. La lluvia que ha caído horas antes ha dejado el aire limpio y los suelos brillantes, y cuando me acerco a la verja mi perro -ya casi ciego, despeinado y envejecido- corre hacia mí y ladra alegremente. Meto la llave en la cerradura y la giro, entro en el jardín pasando por debajo del jazmín de la entrada. Cierro la cancela a mi espalda y me tomo unos segundos antes de subir la escalera de barro que me llevará hacia la casa. Advierto el naranjo con tres frutos asomando entre sus hojas húmedas, la buganvilla preñada de flores púrpuras, el olivo centenario que se arquea cansado sobre el porche de la entrada. La luz del sol lo baña todo confiriéndole valor añadido en un día de invierno como hoy. La pareja de tórtolas que ya se ha vuelto cotidiana planea limpiamente hasta posarse en el tejado, y mi perro no ha parado de ladrar. Le acaricio la cabeza. Hola, Coqui -le saludo- ya, ya estoy en casa, ya entro, no tardo más. Cualquiera diría que es invierno en un día como hoy.

Fin del primer acto.

Fin del primer trimestre. Corto e intenso. Estoy en mi cuarto escuchando Belle and Sebastian y tengo que contenerme para no llorar. Me releo y me sueno adolescente y sentimentaloide, pero no puedo evitarme. Nadie puede evitarse. Estoy cansada y confundida. Emocionada, eufórica y llena de energías, agotada, vacía de esperanzas, a punto de rendirme porque no puedo esperar a hacerlo mejor. Anoche organicé una cena de navidad y vinieron pocos, y quizá mejor así. Nos sentamos y nos reímos, corrió el vino, proliferaron las bromas, hubo abrazos, fotografías, confidencias. Disfruto plenamente estos momentos, pero se queda un regusto amargo y creo que las horas de sueño que me faltan lo están amplificando. Los buenos momentos se van para no volver, y tarde o temprano la mayoría de los que llamo amigo termina decepcionándome. No puedo evitar anticiparlo. Nunca piso sobre seguro, y cada vez me resulta menos excitante la idea. Siento añoranza de las cosas que no tengo, que nunca consigo: las que sólo rozo un poco con los dedos sin poder llegar a abrazar del todo. Soy afortunada y desgraciada. Estoy viva pero me voy muriendo un poco cada día.

Anish Kapoor @ The Royal Gallery of Arts

Cuando encuentre palabras para hacerlo os la cuento. Lo más delirante que he visto dentro de un museo. Si vamos a hacer arte conceptual, que sea como este, por favor.


Al menos un par de veces por semana siento la necesidad de escribir para este blog, pero siempre me asalta en la biblioteca-lo cual no es sorprendente en absoluto, teniendo en cuenta que paso aquí la mayor parte de mi tiempo- y dado que no se la contraseña que me da acceso a el, termino descartando la idea. Hoy estoy sentada en la biblioteca, en un ordenador sin eñes ni tildes, escribiéndome en un email para publicarlo más tarde. Es domingo por la mañana y la luz del sol entra a raudales por la ventana. A pesar de estar en pleno centro de Londres, la biblioteca está en el corazón del campus de LSE, por lo que el ruido del tráfico queda muy lejano. No somos pocos los que tecleamos desde esta sala, pero el silencio solo lo interrumpen el incesante crujir de las teclas, el pasar de páginas de quien busca una cita sin encontrarla, y alguna tos ocasional. Por la noche todo esto habrá cambiado, estoy segura, y habrá cuchicheos, risas disimuladas y un frenético ir y venir de pasos y ascensores habitados por aquellos que se han cansado ya y visitan el baño, la fuente, la planta de arriba o la de abajo con tal de abandonar por unos minutos que siempre terminan alargándose más de la cuenta la tarea que tienen que terminar para mañana.

La semana que viene se terminara mi primer trimestre en LSE. Frenético  creo que es el adjetivo que mejor lo describe. No tengo ganas de re narrar los hechos de mi venida y mi instalación aquí, se me hace largo y pesado y poco ajustado con mi percepción de lo que ha pasado realmente: tengo la sensación de haberme montado en un carrusel que empezó a girar cada vez más deprisa hasta que en algún momento perdí los puntos de referencia y mi existencia se convirtió en un pasar rápido y borroso de acontecimientos poco señalados. He pasado angustias y ansiedades, pero me parecen ya muy lejanas como para detenerme en ellas. He hecho amigos y tengo la sensación de que son ya amistades viejas de esas que hay que esforzarse un poco por mantener. Veo a compañeros de clase de vez en cuando y ambos exclamamos: -”Vaya, cuando tiempo sin verte!”, pero luego intentamos hacer memoria y no está nada claro cuándo fue la última vez que nos vimos: puede que haya sido solo una semana, pero el tiempo pasa tan rápido cuando todos los días son exactamente iguales. Desde por la mañana hasta por la noche en esta biblioteca, pensando sin parar. Los datos concretos se me escurren entre los dedos si no los apunto todos: a los que me conozcáis os impactara saber que tengo una agenda de la que no me separo, y sin ella no soy nadie. Lo que no esta allí escrito no existe para mí.

No hace falta que aclare lo muy diferente que está siendo este ano aquí del que pase hace tiempo. No cruzo el rio por las mañanas y se me
hace muy extraño. No he visto la niebla de Londres que tanto necesita desde que he llegado. Ayer cruce el puente de Waterloo de noche por primera vez desde que me fui hace dos anos. Me hago mayor, pensé. Cruzar ese puente equivale para mí a pensar. Trate de recordar que pensaba cuando lo cruzaba hace dos anos, esos cinco minutos de trayecto que a veces se alargaban con un pausa en la mitad para no
interrumpir la reflexión, que a veces se hacían demasiado largos cuando sudaba dentro del abrigo corriendo para no llegar tarde a clase. No es tan diferente lo que pienso ahora de lo que pensaba entonces. No se me hace tan raro encontrarme cara a cara con la que era hace dos anos. Me hago mayor, pensé, y le comente después a David cuando cruzábamos Southwark Bridge de camino a mi casa tras haber escuchado a Mozart en el BFI como haciamos hace dos anos. Antes sabía que mirar atrás, aunque fuera solamente unos pocos meses, supondría siempre encontrarme con una versión de mi bien diferente, pero ahora empiezo a verme cada vez más estable y homogénea, las variaciones son mucho más sutiles. Estoy terminando de crecer, cada vez lo hago más despacio, le dije a David. Pues ten cuidado, me contesto burlesco, porque cuando uno termina de crecer solo le queda empezar a envejecer. Nos reímos antes de despedirnos, y yo no pude evitar mirar una vez más desde donde estábamos el puente de Waterloo con el National Theatre iluminado en un extremo y la Somerset House en el otro, sintiendo que aquel tramo de Londres se ha quedado para siempre impregnado de una parte de mi vida.

And this made me cry.

¡Gracias!

No sé quién es este tío, pero muchas, muchas gracias.
Voy a empezar a escribir aquí regularmente, siguiendo su consejo.

Se me había olvidado.

Se me había olvidado que tengo un blog. Os lo juro. En mi último post decía algo así como que estaba contentísima de estar en Londres y emocionadísima con mis clases y mi casa. Menos mal que no llegué a contarlo todo en detalle, porque tendría que haberlo rectificado. Vayamos por partes:

La universidad. La universidad me gusta bastante, pero estoy muy decepcionada en algunos aspectos. Me imagino que haber pagado tanto dinero y que sea tan difícil la admisión influía en mis expectativas (y con razón, creo) pero puedo decir con toda seguridad que me alegro mucho de haber cursado la titulación que cursé, y que he tenido mucha suerte con mis profesores en ella ya que no tienen nada que envidiar a los de aquí. Claro que en Madrid de cada 10 profesores 4 eran un mortalmente aburridos/estaban desequilibrados/pasaban de nostros, y aquí los cuatro que tengo me encantan, aunque me imagino que alguno peor habrá. El caso es que tengo que escribir nada más y nada menos que seis ensayos en las diez semanas que dura el bimestre, y me veo siempre con el agua al cuello. Lo de disfrutar de Londres se ha quedado en un segundo plano muy, muy, escondido, y no parece que vaya a cambiar la situación hasta después de Navidad, mínimo. Eso sí, aprender estoy aprendiendo mucho, que para eso he venido.

Alojamiento. Iba a vivir con una familia, creo que no llegué a contarlo. Eran ideales de la muerte y viven en Sloane Square, y en su pisazo de seis habitaciones había una para mí. Alojamiento, comida y sueldito a cambio de diez horas semanales llevando al parque a la niña. No podía ser más perfecto. Estuve tres semanas esperando, se acababan de mudar y estaban poniendo bonita la casa y en ese tiempo también me dediqué a montar los muebles de mi habitación (experiencia desmotivadora donde las haya). El día que me iba a mudar, con las maletas hechas y esperando al taxi, la madre de la familia decide que ha cambiado de opinión, y me deja en la calle, en un momento de agobio extremo por ensayos y presentaciones. Así que decido no preocuparme por el alojamiento durante el fin de semana, sólo voy a ver una habitacion en una residencia que no me convence mucho, pero creo que va a ser mi única opción, estoy ya muy cansada. El lunes voy a preguntar a la accommodation office y me dicen que queda una libre en otra residencia, en Trafalgar Square. Vengo a verla y me quedo con ella, inmediatamente. Es grande, con baño propio y barata. Y está en Trafalgar Square. Demasiado bueno para ser cierto (como con la familia), y lo es: no tengo luz del día, descubro mi primera mañana aquí. Me deprime.

Miscelánea. Mi vida no va mucho más allá de estos dos temas, de momento, aunque esta semana está siendo ajetreada. Anteayer cené con David y Lola en el microestudo de Lola, en Piccadilly Circus, y luego de vuelta a casa de madrugada paré en Tesco a hacer la compra porque no tenía para desayunar ayer, y es que si no no encuentro el momento. Esas son las cosas que me gustan de Londres, y de vivir en donde vivo. Anoche fui con tres compañeros de clase a ver a Shantel en Koko. Hoy he estado vendiendo galletas que hice yo misma, en una venta benéfica de la Food Appreciation Society, de la que soy parte. Y he comido comida hare krishna, gratis, como casi siempre que estoy por el campus a la hora de comer. Y después he leído durante cinco horas, y luego me he ido pitando a una cata de vinos organizada por la Wine Tasing Society, de la que también soy parte.Y después me he ido corriendo al gimnasio al que me he apuntado que casi se merece un post aparte. Y luego he venido corriendo a la resi, y he compartido queso y ensalada con dos de mis compañeros, uno francés y otro suizo, mientas hablábamos sobre vino, calentamiento global y el alma de las ciudades. Y después me he acordado de que tenía un blog y he venido a contarlo, aunque sea telegráficamente. Y me disculpo por escribir tan mal, pero cada vez se me da peor, diría, e intento evitarlo en la medida de lo posible.