Se me había olvidado que tengo un blog. Os lo juro. En mi último post decía algo así como que estaba contentísima de estar en Londres y emocionadísima con mis clases y mi casa. Menos mal que no llegué a contarlo todo en detalle, porque tendría que haberlo rectificado. Vayamos por partes:
La universidad. La universidad me gusta bastante, pero estoy muy decepcionada en algunos aspectos. Me imagino que haber pagado tanto dinero y que sea tan difícil la admisión influía en mis expectativas (y con razón, creo) pero puedo decir con toda seguridad que me alegro mucho de haber cursado la titulación que cursé, y que he tenido mucha suerte con mis profesores en ella ya que no tienen nada que envidiar a los de aquí. Claro que en Madrid de cada 10 profesores 4 eran un mortalmente aburridos/estaban desequilibrados/pasaban de nostros, y aquí los cuatro que tengo me encantan, aunque me imagino que alguno peor habrá. El caso es que tengo que escribir nada más y nada menos que seis ensayos en las diez semanas que dura el bimestre, y me veo siempre con el agua al cuello. Lo de disfrutar de Londres se ha quedado en un segundo plano muy, muy, escondido, y no parece que vaya a cambiar la situación hasta después de Navidad, mínimo. Eso sí, aprender estoy aprendiendo mucho, que para eso he venido.
Alojamiento. Iba a vivir con una familia, creo que no llegué a contarlo. Eran ideales de la muerte y viven en Sloane Square, y en su pisazo de seis habitaciones había una para mí. Alojamiento, comida y sueldito a cambio de diez horas semanales llevando al parque a la niña. No podía ser más perfecto. Estuve tres semanas esperando, se acababan de mudar y estaban poniendo bonita la casa y en ese tiempo también me dediqué a montar los muebles de mi habitación (experiencia desmotivadora donde las haya). El día que me iba a mudar, con las maletas hechas y esperando al taxi, la madre de la familia decide que ha cambiado de opinión, y me deja en la calle, en un momento de agobio extremo por ensayos y presentaciones. Así que decido no preocuparme por el alojamiento durante el fin de semana, sólo voy a ver una habitacion en una residencia que no me convence mucho, pero creo que va a ser mi única opción, estoy ya muy cansada. El lunes voy a preguntar a la accommodation office y me dicen que queda una libre en otra residencia, en Trafalgar Square. Vengo a verla y me quedo con ella, inmediatamente. Es grande, con baño propio y barata. Y está en Trafalgar Square. Demasiado bueno para ser cierto (como con la familia), y lo es: no tengo luz del día, descubro mi primera mañana aquí. Me deprime.
Miscelánea. Mi vida no va mucho más allá de estos dos temas, de momento, aunque esta semana está siendo ajetreada. Anteayer cené con David y Lola en el microestudo de Lola, en Piccadilly Circus, y luego de vuelta a casa de madrugada paré en Tesco a hacer la compra porque no tenía para desayunar ayer, y es que si no no encuentro el momento. Esas son las cosas que me gustan de Londres, y de vivir en donde vivo. Anoche fui con tres compañeros de clase a ver a Shantel en Koko. Hoy he estado vendiendo galletas que hice yo misma, en una venta benéfica de la Food Appreciation Society, de la que soy parte. Y he comido comida hare krishna, gratis, como casi siempre que estoy por el campus a la hora de comer. Y después he leído durante cinco horas, y luego me he ido pitando a una cata de vinos organizada por la Wine Tasing Society, de la que también soy parte.Y después me he ido corriendo al gimnasio al que me he apuntado que casi se merece un post aparte. Y luego he venido corriendo a la resi, y he compartido queso y ensalada con dos de mis compañeros, uno francés y otro suizo, mientas hablábamos sobre vino, calentamiento global y el alma de las ciudades. Y después me he acordado de que tenía un blog y he venido a contarlo, aunque sea telegráficamente. Y me disculpo por escribir tan mal, pero cada vez se me da peor, diría, e intento evitarlo en la medida de lo posible.