Qué le dirás a ella, me pregunto: qué historia le narrarás al llegar a casa.
Le hablarás de mi rimmel corrido, de si he engordado, de si me amarillean los dientes, me pregunto:
le comentarás sorprendido lo mucho que hablo, lo poco que afino, le dirás, atónito, que no sabes cómo pudiste, igual que yo te contemplo aturdida y me pregunto por qué yo si pude, y me asalta una ola de aquel dolor, tu voz rasposa, el frío en la nieve y tu rechazo.

Qué le contarás, me pregunto, al llegar a casa: si mi acento ha cambiado, si me he vuelto aburrida, si complaciente escuchará, una vez en la cama

(la calidez del plumón, el sosiego doméstico, las piernas enlazadas ) 

tu voz amortiguada, narrándole

 (su sien en tu pecho, como yo la escuchaba) 

lo mucho que te alegras de no haber sido consecuente,

lo muy bien que te salió la cobardía,

lo poco que merecía la pena la ternura.

A media cena pones mi nombre en su boca:

tinitus, me pitan los oidos,

se calla el murmullo del restaurante. 

Qué le habrás contado, me pregunto: quién seré yo en tu historia, qué hay detrás de tus párpados.

Por qué me sonríes ahora.