Ballroom Dance
Antes de nada quiero agradecer a todos los que me comentáis… ¡gracias! Sin lectores esto no tiene gracia, y si además me decís cosas tan bonitas lo mínimo que puedo hacer es agredeceroslo e intentar seguir escribiendo cosas que os gusten.
Los que ya me conocéis sabréis de mi asombrosa capacidad para enfermar. Los que me conocéis mejor sabréis también de mi hipocondria, con lo que habréis aprendido a no darle demasiada importancia a mis frecuentes quejas, así que si os digo que llevo mala de una cosa o de otra desde que llegué, supongo que no hace falta que siga con detalles, porque ibáis a poner todos el piloto automático hasta que llegase el final de la descripción de mis síntomas.
Sea como fuere, los últimos días me encontraba mal físicamente y un poco depre, además. Tengo muchas horas “libres” en las que debería estar leyendo y trabajando por mi cuenta, pero al no encontrarme plenamente bien me daba más pereza, no hacía nada, y estar 12 horas en un cuartito como el mío intentando hacer de todo pero sin hacer nada no es precisamente lo más saludable que se me ocurre. Si alguien me hubiera hablado ayer o anteayer yo me habría dedicado a lloriquearle un poco, así que alegraos los que no lo habéis hecho, porque os habéis librado.
De todas formas, como soy tan sentimentalmente inestable, hoy vengo eufórica de mis clases de ballroom dance, esto es, bailes de salón. Es la primera vez que voy y me lo he pasado muy bien, aunque sigo echando de menos el aerobic y el squash de Madrid, de momento no he encontrado nada aquí que me deje con esa combinación de euforia y relajación absoluta. He aprendido a bailar foxtrot primero, y después rumba y algo de salsa. El foxtrot es imposible, y además depende tanto de la pareja que te toque (se van cambiando, con eso de la escasez de hombres y la gran cantidad de mujeres), que cuando ya pensaba que le había cogido el truco me cambiaba de pareja y me tocaba un torpe increíble y terminábamos chocándonos con las columnas, con las otras parejas y dando y recibiendo pisotones a diestro y siniestro, todo un desastre. La rumba, sin embargo, me ha gustado mucho mas, es más fácil y sobre todo es más parecido a lo que estoy acostumbrada a bailar “instintivamente” cada vez que voy por ahí a montar el numerito alguna noche. Además, me he quedado con las caras de dos chicos experimentados con los que era imposible hacerlo mal, así que era como estar bailando con el profesor, básicamente.
Que por cierto, lo de los chicos que van allí a ligar es increíble, no me gusta nada. Es un poco triste porque el profesor nos divide en dos bandos, chicos y chicas, enseña el paso a cada bando, y luego manda que nos juntemos. Como hay más chicos que chicas, en general suele haber cuatro o cinco chicas que se quedan colgadas. Y suelen ser las menos atractivas, porque son los chicos los que van a buscar a las chicas, y tontos no son. Me ha dado mucha rabia. He bailado con un sueco/noruego/finlandés horrible, que iba todo tieso y lo primero que me ha dicho, después de que yo le dijera que me estaba resultando muy complicado el foxtrot y que era mi primera vez, ha sido: “Do you have a name?”, supongo que pretendiendo hacerse el seductor. Lo peor es de todo es que con tanto intentar ligar se le olvidaba que estábamos allí para bailar y se centraba más en preguntarme y contarme cosas que en moverse, así que era catastrófico y muy incómodo. Menos mal que los turnos de baile son de cuatro o cinco minutos, y podía una librarse de elementos como ese de manera fácil y eficaz. He descubierto que los mejores para bailar son los chinos, malayos, taiwaneses, coreanos y todos los que tienen los ojos rasgados y el pelo lacio en general, porque bailan muy muy bien y no se atreven a tocarte, prácticamente. El único problema es que son más bajitos que yo, y no es probablemente lo mejor para mi espalda, pero no todo lo iban a tener, oiga.
Cambiando mucho de tema… ¡mañana viene Pavlo! Supongo que el 80% de mi buen humor se debe a eso, estoy tan nerviosa que no sé si voy a poder dormir… aunque son sólo dos días, ojalá pudiera quedarse más tiempo… hay tantas cosas que hacer por aquí y tengo tantas ganas de verle que se me va a pasar volando el tiempo, así que trataré de disfrutarlo a tope.
Yo me apunté una vez con Jorge a clases de salsa pero al cabo de un mes lo dejamos porque éramos los peores de la clase y con lo competitiva que yo soy, era demasiado malo para mí.
¡Pásalo muy bien el finde! Como ves, son las 6:30 de la mañana, lo que significa que me marcho a coger mi tren a Praga
¡Besitos!
Cuando vuelvas tienes que enseñarme algunos pasos de salsa!