Cumberland Lodge
He vuelto de pasar tres días aquí. Por las mañanas me levantaba, me bañaba en nuestro cuarto de baño al más puro estilo inglés (es decir, sin ducha y tan grande que cabían dos butacas junto a la bañera), y luego abría las cortinas de nuestra habitación para admirar las vistas de la campiña de Windsor, lago y ovejitas incluídas, el palacio real un poco más allá.
El desayuno (al más puro estilo inglés, con mucho colesterol y verduras a la plancha) era el pistoletazo de salida del maratón de comidas -preparadas por un award winner chef- y conferencias al que terminé rindiéndome. Nada mejor que un tea and cake break entre workshop y lecture para reponer fuerzas, o unas cervezas junto a la chimenea al volver de dar un largo paseo por los verdes prados. Hay unas pocas fotos en mi flick, merece la pena mirarlas para hacerse a la idea. LSE tendría que ser esto, le comentaba a Giovanna mientras subíamos las escaleras barrocas esquivando esculturas y admirando tapices para recoger nuestras maletas al marcharnos-I couldn’t agree more, what else can I say!- me contestó ella.

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