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	<title>El viento en los tejados</title>
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	<pubDate>Mon, 07 May 2012 07:24:19 +0000</pubDate>
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		<title>Si quisieras.</title>
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		<pubDate>Mon, 07 May 2012 07:20:25 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Un poco de egocentrismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Tú dirías:
en tu boca, perenne,
la sonrisa, el beso,
la música en tus labios,
poesía tras tus dientes,
carcajada que brilla
en tus ojos:
tú dirías.
Si mi pelo pudiera
derramarse en tu estómago
desnudo, en tu piel
de animal orgulloso,
tú dirías: cascada.
Y en ella lavarías
tus manos hambrientas.
Tú dirías:
tus pechos el pan,
mi alimento,
custodia del latido
que palpita en mi cuello;
tus brazos
refugio, hogar en la noche,
escondite secreto:
tú [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Tú dirías:<br />
en tu boca, perenne,<br />
la sonrisa, el beso,<br />
la música en tus labios,<br />
poesía tras tus dientes,<br />
carcajada que brilla<br />
en tus ojos:<br />
tú dirías.</p>
<p>Si mi pelo pudiera<br />
derramarse en tu estómago<br />
desnudo, en tu piel<br />
de animal orgulloso,<br />
tú dirías: cascada.<br />
Y en ella lavarías<br />
tus manos hambrientas.</p>
<p>Tú dirías:<br />
tus pechos el pan,<br />
mi alimento,<br />
custodia del latido<br />
que palpita en mi cuello;<br />
tus brazos<br />
refugio, hogar en la noche,<br />
escondite secreto:<br />
tú dirías.</p>
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		<title>Débil y afortunada.</title>
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		<pubDate>Mon, 02 Apr 2012 18:01:30 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Sevilla]]></category>

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		<description><![CDATA[Hará unas tres o cuatro semanas que escribí un post sobre los durmientes en el metro que no he tenido tiempo de transcribir aquí todavía. Imagino que en cuanto vuelva a Londres lo haré, porque me he dejado allí la libreta. Era un post bonito, diría, en el que hablaba sobre la soledad de la [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Hará unas tres o cuatro semanas que escribí un post sobre los durmientes en el metro que no he tenido tiempo de transcribir aquí todavía. Imagino que en cuanto vuelva a Londres lo haré, porque me he dejado allí la libreta. Era un post bonito, diría, en el que hablaba sobre la soledad de la gran ciudad. Ahora estoy aquí, en Sevilla, en el porche, oyendo la lluvia caer y dejando que el gris del que se han teñido los cielos desde que llegué inunde esta habitación y me envenene del todo.</p>
<p>Hace dos semanas mi compañero de piso se reía de mi al pillarme sola en el jardín, de pie, contemplando las hojas nuevas que empezaban a brotar como un milagro en nuestros árboles. Un par de días después bromeaba diciéndome lo mucho que le gustaría poder verme bajo los efectos del LSD, habiéndome cazado de nuevo embobada mirando a través de la ventana de la cocina una pareja de cuervos que saltaban de rama a rama del nogal de nuestro jardín. Si bastaba con un poco de sol y brotes verdes para elevarme a tan extático estado, se preguntaba el bueno de Dave, qué no conseguirían las drogas. Le contesté que tal vez debiera reservármelas para cuando se nublara de nuevo.</p>
<p>Una noche estaba sentada en el Royal Albert Hall con Ludvig en un concierto de jazz y pensaba en esta vulnerabilidad mía frente a las presiones atmosféricas. Se lo había intentando explicar a Dave pero como él daba ya por hecho que la luz del sol me había convertido en una especie de bobalicona irracional que sólo sabe decir tonterías me cortó a mitad del razonamiento agitando la cabeza con el ceño fruncido, preguntándome si de verdad no había tomado drogas. No sé si soy desgraciada o afortunada, la verdad. Que de repente salga el sol y me sienta la persona más feliz del universo tiene que ser una bendición, desde luego. Pero que una mañana nublada signifique por sistema una lucha conmigo misma para intentar sacarme de la cama antes de que se haga de noche es todo lo contrario. Yo diría que esto me hace débil y afortunada, y lo dejaría así.</p>
<p>El caso es que nunca había tenido tantas ganas de venir a Sevilla de vacaciones. De pronto sólo quería tumbarme al sol y pasar dos semanas así, dejando que el astro rey me calentara el alma y me dibujara una sonrisa permanente que me ayudara a enfrentarme con el Londres nublado que sé que tarde o temprano terminará llegando. Pero llego aquí y me encuentro con algo inaudito: dos semanas seguidas de lluvia que comienzan y terminan coincidiendo con mi llegada y mi partida. Me tumbo en el porche a leer Popper escuchando la lluvia de fondo y cuento los días que me quedan para marcharme: sólo siete ya, exactamente. Débil y afortunada, me repito a mí misma. Y la lluvia que no cesa.</p>
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		<title>Las emociones templadas.</title>
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		<pubDate>Sat, 18 Feb 2012 12:58:03 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Un poco de egocentrismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Escribo varias versiones de este post en mi cabeza, en el metro, en clase, en un autobús en domingo mientras contemplo enternecida y melancólica las barberías turcas donde los hombres van a leer un periódico entre varios para pasar el tiempo. Escribo una versión aquí y se me hace larga y confusa, y la borro.
Escucho esto y [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Escribo varias versiones de este post en mi cabeza, en el metro, en clase, en un autobús en domingo mientras contemplo enternecida y melancólica las barberías turcas donde los hombres van a leer un periódico entre varios para pasar el tiempo. Escribo una versión aquí y se me hace larga y confusa, y la borro.</p>
<p>Escucho <a href="http://open.spotify.com/track/4lbgDAnfX9ig0LDJMoALOh">esto</a> y me entran ganas de fumar pero me dije a mí misma que ya lo había dejado. La misma música que escuchaba el miércoles cuando me pintaba los labios en el metro y sentía los ojos de todos los que estaban sentados frente a mi seguir el trazo de mi barra de labios, conteniendo la respiración como yo lo hacía. Escribí ese momento en una libreta, el último en una lista de momentos que quería incluir en este post. Nunca hago nada así: normalmente vengo aquí y escribo algo en diez minutos, sin premeditación, sin revisiones. Pero esta vez siento que es algo importante. Es un post sobre mi vida en Londres. Sobre los cielos plomizos que se han convertido en algo ocasional, las ramas desnudas y crujientes apuntando al universo de los árboles en invierno, sobre los días feos que ya no me lo parecen tanto. Sobre cómo volviendo el domingo aquel a casa, veinticinco horas después de haberme marchado, sonreía irónica al acordarme de las trufas que Dave me había enseñado a hacer  tres semanas antes.<br />
Para hacer ganache de chocolate se raya muy fino el chocolate y luego se cubre con nata caliente hasta que lo derrite. Hay que tener paciencia. Este proceso se llama templar el chocolate, y es muy importante no sobrecalentarlo, no moverlo más de la cuenta, no dejarlo demasiado frío, porque si no se corre el riesgo de arruinar la textura, o arruinar el sabor, y hay que tirarlo todo y empezar de nuevo. El domingo sonreía irónica, divertida pensando en cómo el día antes había decidido que necesitaba volver a ver al hombre de los ojos de pez y que me volviera a romper el corazón un poco más para finalmente poder cerrar el asunto, y cómo efectivamente eso era lo que había pasado. Solo que seguía sin verme capaz de cerrar el asunto. Pensaba en la borrachera que había seguido a aquel encuentro, en los recuerdos confusos del resto de la noche, en el despertar aun más confuso, en el dolor de cabeza esperando al autobús en el que estaba entonces, y sonreía. El chocolate que se funde muy despacio, las emociones que se templan con el tiempo.</p>
<p>En la lista de mi libreta están mis zapatos de primera comunión y una levita de lentejuelas de color azul. La levita la usé para hacer de presentadora en un circo que preparamos los niños de 6 años en la excursión a la granja escuela organizada por mi colegio. Es un recuerdo que había quedado enterrado hasta que hace unas semanas decidí disfrazarme de domadora de leones para la misma fiesta para la que preparamos las trufas, y me recorrí Londres en busca de una levita. En una tienda de disfraces de alquiler encontré una levita cubiera de lentejuelas azules, y el recuerdo de la granja escuela apareció de pronto. La levita de la granja escuela brillaba mucho más que esta, observé decepcionada.<br />
Recuerdo a mi madre preguntarme que qué haríamos con mis zapatos de primera comunión antes de que se me quedaran pequeños. Si los teñíamos de azul marino para que pudiera usarlos como parte del uniforme del colegio. Recuerdo a mi madre acusarme sorprendida, algo burlesca, de ser una sentimental por responderle que quería conservarlos blancos como estaban como recuerdo.<br />
En el metro pienso en estas dos cosas y me doy cuenta de que a mi madre a esas alturas se le había olvidado que lo normal es precisamente ser sentimental cuando una tiene ocho años o cualquiera que sea la edad que una tiene cuando hace la primera comunión. Ella hacía ya demasiado que era una adulta como para acordarse de cómo eran los sentimientos entonces. Este post es un post sobre cómo viviendo la vida que tengo en Londres ahora me he dado cuenta de que crecer es un proceso triste- pero un proceso que no nos deja entristecernos a la vez. La levita brillaba más que ahora y yo quería preservar esos zapatos porque a esas edades todo es más intenso y más relevante. La vida es nueva y una se va intentando acomodar a sus vaivenes, pero es un proceso plagado de emociones a las que una no se ha enfrentado nunca y abraza como si fuera la última vez.</p>
<p>Cuando vengo a escribir aquí, hoy, me da por releerme. Me releo escribiendo en el día de año nuevo de 2008, declarando que hacía tiempo que había renunciado a ser feliz, y caigo en la cuenta de que la última vez que escribí aquí fue en el año nuevo de 2012. Si en 2008 me hubieran roto el corazón como me lo han roto en 2012, no lo habría superado. En 2008 deshacerme del edredón y poner un pie en el suelo cada mañana era un proceso largo, el resultado de infinitas quejas a mí misma, de una tregua tras otra, de algunas lágrimas a veces, mañana tras mañana. Lo llevaba siendo desde que tenía trece años, al menos, y recuerdo muy claramente el día en el que caminando de vuelta a casa por entre los campos de trigo al atardecer, en marzo de 2011, me di cuenta de que hacía semanas que me levantaba por las mañanas, sin más, y que no tenía que capitular conmigo misma varias veces a lo largo del día para convencerme de que merecía la pena ser paciente y no concluir todavía que la vida no merecía la pena al fin y al cabo.</p>
<p>Ahora en Londres me enfrento a días grises con el corazón roto, a barberías vacías de clientes y llenas de hombres solitarios que no saben dónde más buscar compañía, a abrazos que tal vez debería evitar, a traiciones impensables, a colas interminables, a heridas que no cierran, y aun así soy capaz de sonreir con ironía. Crecer es perder sensibilidad, es anestesiarse un poco. Cuando me he querido dar cuenta me he vuelto una fumadora de esas a las que el cáncer no les asusta tanto, porque la vida, al fin y al cabo, tampoco les parece para tanto. Porque los dolores no se sienten igual, y las alegrías se buscan porque se sabe dónde encontrarlas. Y eso las hace predecibles y las desluce, pero qué más da- y que más da, si la vida se va desgastando poco a poco hasta que uno se acostumbra a ella como a unos zapatos viejos. La vida pierde brillo pero al menos deja de doler. Las emociones se templan y gracias a ello pueden romperme el corazón otra vez y yo seguiré sonriendo en autobuses con la resaca oprimiéndome la frente, mientras veo a los judíos ortodoxos vestidos de negro de camino a la sinagoga y a los evangelistas con sus trajes de colores saliendo de la Iglesia mientras amenaza lluvia. Sonriendo viendo a los hombres leer el periódico entre varios en la peluquería a la espera de verdaderos clientes, sonriendo irónica al preguntarme con qué más va a sorprenderme la vida si a los veinticuatro años ya ha conseguido convertirme en esta clase de escéptica.</p>
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		<title>I still think you&#8217;re lovely.</title>
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		<pubDate>Tue, 03 Jan 2012 18:38:11 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Un poco de egocentrismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Vamos por el segundo cocktail y aunque el local está medio vacio - a pesar de ser uno de los mas famosos de Londres, parece ser que a los ingleses la resaca les sigue durando el dáa 2 de enero todavía- le pido varias veces que me saque a bailar: la música cubana me supera. [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Vamos por el segundo cocktail y aunque el local está medio vacio - a pesar de ser uno de los mas famosos de Londres, parece ser que a los ingleses la resaca les sigue durando el dáa 2 de enero todavía- le pido varias veces que me saque a bailar: la música cubana me supera. Se ríe y me besa la mano que tengo agarrada a la suya, sobre la mesa. Estoy de buen humor: me he pasado las vacaciones de Navidad en la cama, enferma, en Sevilla, sintiendome culpable por no poder avanzar en el doctorado y echándole de menos. Por fin nos hemos visto. En Nochevieja me llamó &#8220;antes que a su hermana o a su hermano, o a su madre&#8221;, con varias copas de más, para felicitarme el año y repetirme lo mucho que le gustaba. En las horas de aeropuerto y de avión  en las que pasé el día de año nuevo no podía parar de pensar en él. El día siguiente fue un deshacer maletas y prepararme para volverle a ver, impaciente, aguardando el mensaje de texto con la hora y el lugar.</p>
<p>Vamos por el segundo cocktail y saco una cajita forrada en papel dorado de mi bolso. La he forrado yo, le digo, se la doy, y espero que le guste. La abre, curioso, y al revelar el contenido se pone colorado, y se lleva las manos a la cabeza. Me clava sus ojos azules -sus ojos de pez-, y expresa: &#8220;You can&#8217;t be that nice!&#8221;. Extiende sus brazos larguísimos a traves de la mesa y me agarra la cara con sus manos de gigante: &#8220;Thank you very much, this is incredibly nice&#8221;.</p>
<p>Son botones. Hace un mes y medio advertí que a su abrigo se le habian caído casi todos, cuando esperábamos borrachos al metro, en una de nuestras primeras citas. Le dije que si me daba uno encontraría otros iguales y se los cosería. Sin mediar palabra, se arrancó un botón con un gesto teatral, dramático, como si se arrancara el corazón, y me lo entregó con mucha parsimonia. Me reí a carcajadas y me di cuenta de que varios de los que esperaban al metro en el anden nos miraban, sonriendo. No recuerdo muy bien a dónde fuimos después, si a otro bar, si a su casa, si a la mia. Recuerdo encontrar el botón en mi bolso un par de días después cuando buscaba un bolígrafo, en la universidad, acordarme de toda la historia, sonreir como una tonta y sentirme flotar en una nube: &#8220;le gusto, esta claro.&#8221;</p>
<p>El botón era grande, negro, con cuatro agujeros y el dibujo de un ancla con un cabo enredada en ella. Fui a varias tiendas de botones en Londres sin poder encontrar otros como ese, pero en cada una conseguía nuevas pistas. &#8220;Son botones de uniformes navales.&#8221; Fui a una tienda de uniformes. &#8220;Son botones de moda, no de uniformes, prueba en Jon Lewis.&#8221; Fui a Jon Lewis. &#8220;Son botones antiguos, de hace unos años, ya no los tenemos. En algunas tiendas siguen teniendo abrigos con ellos.&#8221;. El día que me llevo a patinar sobre hielo a Tower Bridge terminamos paseando por St. Katharine Docks y lo agarré de la solapa del abrigo y lo arrastré a una tienda de souvenirs navales para turistas. &#8220;Sí, tenemos abrigos con esos botones, pero no vendemos solamente los botones.&#8221;. Se le había olvidado la historia de los botones, y escuchó divertido mis andanzas para intentar encontrarlos. Conmovido, me invitó a cenar en uno de los restaurantes del muelle. Llevaba una semana con náuseas y empeoraron tras el vino, pero terminé yendo a su casa. Tocamos la guitarra, me hizo manzanillas y me acarició el pelo hasta que me quede dormida, escuchando la Guia del Autoespista Galactico.</p>
<p>&#8220;Thank you, this is incredibly nice&#8221;, me dijo ayer. &#8220;You&#8217;re lovely&#8221;. &#8220;I know&#8221;, le contesté medio en broma. Le cuento la historia de cómo terminé comprándolos por ebay a una senora de Tennessee, que me envió un email agradeciéndome la compra y diciéndome &#8220;God Bless America and the UK as well&#8221;, y lo tentada que estuve de contestarle preguntándole si Spain tambien podía ser bendecida por Dios o eso ya no entraba en el pacto. Se ríe. Le acaricio la cara, y le digo: &#8220;And I still have to sew them to your coat, it was part of the deal.&#8221; -&#8221;Paula&#8221;- me dice, apoyando una mano en mi hombro, dando a entender que va a decir algo importante- &#8220;do you remember when you asked me to tell you straight away the minute I started having doubts about us? Well, it&#8217;s here.&#8221; Bajo la mirada, remuevo el hielo de mi frozen margarita con la pajita. &#8220;Well, if it&#8217;s only doubts&#8230;&#8221; -&#8221;No&#8221;, me interrumpe &#8220;It&#8217;s not only doubts. I don&#8217;t feel it anymore. It&#8217;s over.&#8221;</p>
<p>No recuerdo muy bien la conversación que siguió, pero le pedí que nos pidiéramos otro cocktail y me lo explicara todo. Luego salimos y nos fumamos dos cigarros en la calle. Habló mucho pero no dijo nada. Le dije que quería irme pero que no iba a coger el metro, que quería caminar. Hizo el amago de abrazarme y me aparté. Me pidió permiso para darme un beso y se lo negué. &#8220;I&#8217;m leaving now&#8221;, le dije con la vista fija en el suelo. Alcé la mirada un segundo y lo vi mirándome desde los 20 centimetros de altura que nos separan, la frente arrugada y la boca caida, en un gesto de disculpa y preocupación. Me giré y eché a andar. &#8220;Paula!&#8221;- me gritó cuando ya nos separaban unos metros, y me giré un poco &#8220;I still think you&#8217;re lovely.&#8221; Le respondí con la carcajada mas amarga de mi vida, sacudiendo la cabeza, y volví a girarme y seguí caminando. &#8220;Goodbye&#8230;&#8221; Le oí volver a gritarme por encima del ruido de mis tacones chocando contra el acerado desierto de Upper Street.</p>
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		<title>Fish hands</title>
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		<pubDate>Thu, 01 Dec 2011 16:37:47 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
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		<description><![CDATA[Me inclino sobre su pecho cubierto en un vello fino y oscuro. Es como una caja de resonancia: una obra de ingenieria perfecta de la que emergen las precisas modulaciones de su voz de orador profesional. Le digo que cuando me mira con el ojo guinado, como hace ahora, he looks like a creepy fish.
-Do [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Me inclino sobre su pecho cubierto en un vello fino y oscuro. Es como una caja de resonancia: una obra de ingenieria perfecta de la que emergen las precisas modulaciones de su voz de orador profesional. Le digo que cuando me mira con el ojo guinado, como hace ahora, <em>he looks like a creepy fish</em>.</p>
<p>-<em>Do I have fish eyes?- </em>me pregunta. <em>You have a fish face&#8230; a fish mouth</em> - le respondo, sujetando sus labios apretados entre mis indices y mis pulgares, como cuando uno agarra una lamina de papel cubierta en pintura fresca que no quiere estropear.</p>
<p>Mi pecho sobre su pecho, su mano de gigante en mi cintura desnuda. <em>You have fish hair</em>- me dice, colocando su otra mano en mi nuca, abriendo por fin el ojo que habia estado cerrado.</p>
<p><em>What?</em></p>
<p><em>-You have fish hair</em>, repite, y me lanza una mirada azul cristalina, alzando las cejas en gesto de disculpa, como haria un medico al comuncar una mala noticia. Le respondo con una carcajada a la que se une la suya.</p>
<p><em>You&#8217;ve laughed!</em></p>
<p><em>-What?</em></p>
<p><em>I had never heard you laugh, I told you earlier. </em></p>
<p><em>What? </em>- me dice riendo con mas fuerzas, la caja de resonancia de su pecho reverberando bajo el mio- <em>Don&#8217;t be silly. </em></p>
<p>Me separo de el y me recuesto a su lado. Dejo descansar mi cara sobre la palma de la mano que antes cubria mi nuca.</p>
<p><em>You have fish hands</em>, le digo con los ojos cerrados, sintiendo la inmensidad de sus dedos extendidos bajo mi frente, que comienzan a enredarse en mi pelo. <em>You have fish hands</em>, repito.</p>
<p>Abro los ojos y me esta mirando, curioso. <em>You have fish hands</em>, digo una tercera vez. <em>And I love them</em>, continuo. Vuelve a alzar las cejas, disculpandose, sus ojos azul transparente brillando a treinta centimetros de mi.</p>
<p>Mi carcajada de nuevo. Y detras de ella la suya, otra vez.</p>
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		<title>Holborn Square</title>
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		<pubDate>Tue, 08 Nov 2011 13:12:46 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Un poco de egocentrismo]]></category>

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		<description><![CDATA[La vida son los posos
de la historia nuestra:
en esta misma avenida
han quedado las marcas
de nuestro aliento
allí donde tú me besaste
y ahora se desvela
gris el asfalto
bajo la luz del cielo cansado,
y los transeúntes, las prisas,
los semáforos que aquella noche
no eran sino una sombra,
aquel verano de calles vacías,
oscuras, calladas, y nosotros
borrachos, trasnochando,
nos detuvimos aquí, en este suelo,
donde [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>La vida son los posos<br />
de la historia nuestra:<br />
en esta misma avenida<br />
han quedado las marcas<br />
de nuestro aliento<br />
allí donde tú me besaste<br />
y ahora se desvela<br />
gris el asfalto<br />
bajo la luz del cielo cansado,<br />
y los transeúntes, las prisas,<br />
los semáforos que aquella noche<br />
no eran sino una sombra,<br />
aquel verano de calles vacías,<br />
oscuras, calladas, y nosotros<br />
borrachos, trasnochando,<br />
nos detuvimos aquí, en este suelo,<br />
donde ahora hay una marca,<br />
el poso, el sedimento,<br />
igual que en mi memoria;<br />
la vida es el asfalto<br />
pisoteado, que aun encierra<br />
el secreto de hace cien<br />
millones de noches ,<br />
cuando tú me besaste.</p>
]]></content:encoded>
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		</item>
		<item>
		<title>November is looming.</title>
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		<pubDate>Wed, 26 Oct 2011 15:54:52 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[LSE]]></category>

		<category><![CDATA[London]]></category>

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		<description><![CDATA[Le escribo tarde y sin nada que decir. Sólo tres o cuatro líneas, sin saludo, sin pretender si quiera que tengo un verdadero motivo para contactarle. Le escribo y duermo mal, interrumpida otra vez por pesadillas. Londres ha estado lleno de Sol hasta ahora y el domingo le escribía a Milica que me he dado [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p><font face="Calibri">Le <span lang="ES-TRAD">escribo tarde y sin nada que decir. Sólo tres o cuatro líneas, sin saludo, sin pretender si quiera que tengo un verdadero motivo para contactarle. Le escribo y duermo mal, interrumpida otra vez por pesadillas. Londres ha estado lleno de Sol hasta ahora y el domingo le escribía a Milica que me he dado cuenta de lo importante que</span><span lang="ES-TRAD"> </span><span lang="ES-TRAD">es</span> el <span lang="ES-TRAD">amor</span>, y antes <span lang="ES-TRAD">habíamos</span><span lang="ES-TRAD"> </span><span lang="ES-TRAD">hablado</span> a lo largo de todo el fin de semana, con la excusa de su visita, de lo fácil que resulta de pronto la vida, la misma vida que no hace tanto se me hacía incomprensible y ardua y tormentosa. </font></p>
<p><font face="Calibri"><o:p></o:p></font><font face="Calibri">Le escribo y no es porque piense demasiado en él ni le necesite: de hecho, le decia a Milica, lo que hace tan fácil esta vida es que ya no necesito nada, no vivo ya en esa búsqueda angustiosa, en el estado de constante vacío, de carencia de un algo que todavia no he conseguido averiguar lo que era. La vida es fácil así, le decía, cuando una recibe el amor como un regalo y no como una limosna.</font></p>
<p><font face="Calibri"><o:p></o:p></font><font face="Calibri">Le escribo para contarle que me he quedado sin entradas par aver a Anna Ternheim y no espero respuesta-hasta se me olvida- y a la mañana siguiente de pronto el dáa me pesa y soy incapaz de pedalear hasta la universidad. Dejo la bicicleta por el camino y me entrego a la oscuridad del metro, y asisto a una clase que no me he preparado y empiezo a ser consciente, a esa hora de la manana, de que la vida hoy ha decidido hacérseme un poco ajena como hacia tiempo que ni siquiera esperaba.<span>  </span>Vamos a comer todos juntos, a tomar café como todos los miércoles, y llueve y el cielo gris me amenaza con lo que confirm al sentarme en el Starbucks: tu primer mal día en mucho tiempo. <o:p></o:p></font><font face="Calibri">Reviso todo lo que he hecho y todo lo que me ha pasado, lo que controlo y lo que no, y decido que pueden ir saltando todas las alarmas: no hay causas ni explicaciones, no hay enemigo, no puedes combatir nada, eres tú, algo en tu vientre, en tu pecho, algo oculto en los entresijos de tu alma va mal una vez mas. <o:p></o:p></font><font face="Calibri">Ceteris paribus y tienes un mal día, me digo, y alicaída y sintiéndome derrotada antes de mediodía enciendo el ordenador y me sorprenden sus palabras.</font></p>
<p><font face="Calibri">Él también me escribe sin excusas, sin entusiasmo, pero tiene una noticia: ‘November is looming’- me informa- ‘fucking November’. De Nuevo es él quien ha encontrada la palabra exacta, y abrumada, aturdida le contesto en voz muy baja que, efectivamente, November is looming, and let’s see if I can survive this winter- for as of today it would surprise me if I did. <o:p></o:p></font></p>
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		<title>Stealing apples in Stockholm.</title>
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		<pubDate>Tue, 18 Oct 2011 14:45:00 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Un poco de egocentrismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Take me to a garden,
I said, and we
ended up in an island
of melting yellow
and ochre leaves:
it was Autumn.
Take me to a garden,
there the Sun
was golden, and soft
as ever, and bright
it shone through
the stripping branches.
Take me to a garden,
and you said: let’s
steal some apples,
for it’s Autumn, and
make some pie, later,
in the warmth of my
                 apartment.
Take me [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Take me to a garden,<br />
I said, and we<br />
ended up in an island<br />
of melting yellow<br />
and ochre leaves:<br />
it was Autumn.</p>
<p>Take me to a garden,<br />
there the Sun<br />
was golden, and soft<br />
as ever, and bright<br />
it shone through<br />
the stripping branches.</p>
<p>Take me to a garden,<br />
and you said: let’s<br />
steal some apples,<br />
for it’s Autumn, and<br />
make some pie, later,<br />
in the warmth of my<br />
                 apartment.</p>
<p>Take me to a garden,<br />
and the green grass creaked,<br />
under our feet,<br />
crisp and moist, just<br />
like the air:<br />
it had started getting cold.</p>
<p>Take me to a garden,<br />
and for you I stole apples,<br />
fresh, fragrant, sweetly blushed,<br />
for you I stole apples,<br />
in a garden in Stockholm<br />
and then we strolled down,<br />
                        by the water.</p>
]]></content:encoded>
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		<title>Estocolmo</title>
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		<pubDate>Mon, 17 Oct 2011 11:25:32 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Viajes]]></category>

		<category><![CDATA[estocolmo]]></category>

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		<description><![CDATA[Aterrizo en Vasteras y atravieso durante exactamente ochenta minutos -puntualidad sueca- los 110 kilómetros que separan el aeropuerto del centro de la ciudad, cruzando los bosques naranjas, verdes y amarillos que brillan cubiertos por la luz dorada del atardecer. Arriba el cielo limpio, azul intenso, impecable, las nubes esponjosas, blancas y grises, dramáticas, y abajo [...]]]></description>
			<content:encoded><![CDATA[<p>Aterrizo en Vasteras y atravieso durante exactamente ochenta minutos -puntualidad sueca- los 110 kilómetros que separan el aeropuerto del centro de la ciudad, cruzando los bosques naranjas, verdes y amarillos que brillan cubiertos por la luz dorada del atardecer. Arriba el cielo limpio, azul intenso, impecable, las nubes esponjosas, blancas y grises, dramáticas, y abajo de cuando en cuando una laguna antracita, un espejo ondulado que duplica el paisaje espectacular con el que me recibe Suecia.</p>
<p>Llego a la estación y desorientada comienzo a caminar sin saber muy bien hacia dónde voy: he visto a lo lejos unos pináculos ribeteados de dorado que brillan frente al cielo azul sólido, como un decorado de cartón tridimensional, y decido alcanzarlos. Un viento frío, agudo como un cristal me despierta la piel del rostro y me obliga a usar bufanda por primera vez desde hace mucho, tanto que ni lo recuerdo. Me lloriquean los ojos y noto cómo la oquedad de mis senos se resiente ante el frío: me duele la cabeza, y a la vez agradezco de alguna manera esta claridad repentina.</p>
<p>Camino por las calles ordenadas, impolutas, arrastrando mi maletita tamaño cabina de avión medio vacía, admirando los cafés tan modernos, las gentes tan estilosas, las tiendas tan ideales. Estocolmo es compacto y ordenado, rico e interesante, claro y fácil de entender, como una frase bien escrita.</p>
<p>Finalmente llega la hora que habíamos fijado y me dirijo al lugar acordado para encontrarme con él. Ha comenzado a anochecer, y él trae las mejillas sonrosadas por el viento frío al que se habrá tenido que enfrentar subido a la bicicleta negra y elegante que ahora sujeta con una sola mano. Es alto y muy guapo, con el pelo oscuro y los ojos claros. Viste chaqueta de cuero negro y unos zapatos bonitos y tiene la nariz, la frente y los labios anchos como esa categoría de personas honestas que siempre miran de frente y prefieren callar y escuchar por educación la mayoría de las veces. Le dedico una amplia sonrisa y le saludo agitando la mano mientras me acerco y él apenas esgrime un pequeño gesto con la comisura de los labios. De puntillas para poder alcanzarlo le doy dos besos que recibe con rigidez escandinava y nos encaminamos hacia su casa charlando de las cosas triviales que son obligatorias entre dos desconocidos que acaban de conocerse. A la tercera o cuarta frase me encuentra la palabra que llevo buscando para describir la sensación con la que Estocolmo me abruma desde que lo he pisado por primera vez hace ahora unas cinco o seis horas: &#8220;Stockholm is a very neat city.&#8221;, me dice, y no sé por qué me maravilla y me impacta que utilice justo esa palabra que es la que yo había extraviado por los mecanismos internos de mi cerebro.<br />
Vive en un apartamento pequeño pero céntrico en una calle llena de vida. Hacemos té y me pide que le ayude a limpiar algunas de las setas que cogió en el bosque el fin de semana pasado, cocina un plato de pasta espectacular con ellas y cenamos casi sin hablar, sentados en el sofá escuchando música en su equipo de alta definición. Habla poco y no me incomoda en absoluto su silencio. Fuera hace frío y disfruto la calidez clara de su apartamento, el estar descalza con las piernas cruzadas como una india en el sofá de este desconocido que se me hace extrañamente familiar. Se le nota muy cansado -trabaja mucho, me cuenta, aunque no parece demasiado entusiasmado con su trabajo- y tiene la mirada perdida en algún punto de la pared de enfrente. Cuando le hablo y me mira lo hace con ojos curiosos y una media sonrisa, no sé si intentando parecer interesado por educación o porque verdaderamente le interesa algo de lo que le cuento. Tras unas cuantas conversaciones que se van muriendo por el camino me propone salir a dar un paseo.</p>
<p>Cruzamos uno de los puentes de la ciudad y la vista del agua y las luces en el horizonte me dejan sin aliento. Él camina deprisa con sus piernas largas de superhombre nórdico y yo me afano en seguir su ritmo, maldiciendo estas diferencias genéticas que me hacen sentir como una indígena demasiado oscura, demasiado rechoncha, demasiado ruidosa y demasiado vulgar para este país. Se para a comprar <em>snus, </em>un tabaco que viene hecho pequeños paquetitos dentro de una elegante lata negra. Curiosa, le pido que me deje probarlo y atrapo el saquito entre mi labio superior y mi encía, tal y como me indica. Es verdaderamente asqueroso, le digo, y se ríe con una carcajada alta y grave que me impresiona. Me cuenta que el snus no se vende en el resto de Europa porque está considerado algo parecido a un veneno. Paramos en un supermercado a comprar arenques, queso dulce y knäckebröd, productos suecos de los que hemos estado charlando durante la cena. Regresamos a casa y por el camino se vuelve gradualmente más y más comunicativo, se disculpa por haber estado algo más callado de lo normal -estaba muy cansado del trabajo- y cuando observo lo informal del saludo sueco (hej!), me provee con una larguísima e interesantísima lección acerca de la historia de Suecia y los esfuerzos gubernamentales por abolir las diferencias de clases que desembocaron, entre otras cosas, en forzar el saludo tan altamente informal.</p>
<p>De vuelta a casa probamos el queso dulce y charlamos sobre música. Nunca he conocido a una persona con un gusto musical que me haya impresionado tanto como él. Poco a poco hablamos sobre mi familia y la suya, tan distintas- él tiene nada menos que diez hermanos- y con historias acerca de bosques escandinavos en verano, de travesuras infantiles en la nieve, de desayunos multitudinarios se nos hace tarde y nos vamos a dormir: yo en el sofá en el salón, él en su cama en su habitación sin puerta, con una cortina como única separación entre los dos espacios. Se me hace extraña y artificial esta división, sobre todo cuando una vez apago la luz me pregunta desde el otro lado si estoy cómoda en el sofá y me desea las buenas noches.</p>
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		<title>Mi bici.</title>
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		<pubDate>Fri, 01 Jul 2011 19:25:20 +0000</pubDate>
		<dc:creator>Paula</dc:creator>
		
		<category><![CDATA[Un poco de egocentrismo]]></category>

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		<description><![CDATA[Me he comprado una bici y creo que nunca he estado tan emocionada por una adquisición material en mi vida. Miquel me ha pedido que escriba un post sobre ello, así que aquí lo tenéis. Ahora me voy a dar una vuelta con la bici antes de que se haga de noche. ¡Hasta luego!
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			<content:encoded><![CDATA[<p>Me he comprado una bici y creo que nunca he estado tan emocionada por una adquisición material en mi vida. Miquel me ha pedido que escriba un post sobre ello, así que aquí lo tenéis. Ahora me voy a dar una vuelta con la bici antes de que se haga de noche. ¡Hasta luego!</p>
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