Fired
Y hasta aquí mi experiencia en The Forge. Y yo que siempre había pensado que para que a un camarero lo echaran tenía que meter mucho la pata (de momento ningún conocido mío había sido despedido en un empleo así). Me imagino que esta semana, sin yo saberlo, me estaban probando, y no he superado el casting. No soy lo suficientemente rápida cuando el bar se llena hasta los topes, me imagino que me ha dicho hoy justo antes de que me tocase ponerme a fregar Chris, el mismo que me recomendó ayer hacer algo con mi pelo. Digo me imagino porque me cuesta una barbaridad entenderlo, con su acento francés profundo.
Un par de horas antes había determinado que aquel no era un empleo para mí, que necesitaba algo más cualificado, más estimulante, menos básico y más acorde con mi formación (y quién no). Y algún empleo en el que el manager no llame a voz en grito a su camarero más eficiente delante del resto de los empleados y de algún que otro cliente “puto indio de mierda” por equivocarse de marca de brandy. Que por cierto, no tenía ni idea de cuál era el gentilicio para los nacidos en Turkmenistán (¿turkmenistaní? ¿turkmenistano?), pero me da a mi que lo de indio no cuela.
Media hora después, tras haber cenado literalmente con Trevor Sorbie y su novia, pensé que aquel trabajo me encantaba. Llegaron justo cuando se iba a cerrar, pero por ser cliente habitual Trevor se les permitió quedarse a cenar en la barra del bar con carta del restaurante. Me pasé casi toda la cena en frente de ellos, charlando muy animadamente, recomendándoles el postre, y Trevor se ofreció incluso a pagarme una Pave au Chocolat como la que le había recomendado a su novia, tras enterarse de que me encantaba. La rechacé, pero luego al llevar el postre casi intacto de vuelta a la cocina, el chef me insistió en que me la terminase yo, y me explicó que efectivamente la brillante decoración del pastelito no era otra cosa que lo que parecía: oro de 24 kilates, en láminas finas y listo para comer. Conocer a gente interesante, poder hacer de su experiencia lo mejor, y disfrutar y aprender, aunque sea parcialmente, de los platos y vinos de aquí merecían la pena. Eso, y el sueldo y las propinas, por supuesto: puesta a ser camarera, mejor este sitio que muchos otros.
Y diez minutos después de que Trevor y su cita se marcharan, justo cuando me disponía a hacer la parte más dura, limpiar y recoger todo, viene nuestro amigo Chris y en diez minutos me despacha: no vuelvas más, lo sentimos mucho. Y la verdad es que en ese momento sentí alivio,se acabó el fregar el suelo a las 12 de la noche. Pero claro, después me di cuenta de que ahora toca buscarse otro trabajo, y ninguno se va a parecer a este. Una pena, desde luego. Yo sólo creo que se han precipitado bastante, pero cada uno impone sus niveles de exigencia, me imagino.
En fin, qué se le va a hacer. Al menos puedo decir que he comido oro.
Wenisima la historia. Mi conclusión es la misma que la tuya: Chris se ha equivocado y pronto lo lamentará, ahora tendrá que buscar a otra a la que decirle cosas sobre el pelo. Seguro que pronto te sale algo y además mejor.
Envidia pura y dura: yo creo que se dio cuenta de que nunca podría lucir unos rizos al natural como los tuyos, que tendría que conformarse con los suyos ahogados en gomina y… =P
Un beso.
Jajaja.
Va a ser eso, Marina, va a ser eso.