A Tilly le ha dado hoy una rabieta tremenda cuando mi respuesta a su pregunta “What is hair made of?” ha sido “Hair”. Viendo que no paraba de llorar porque pensaba que me burlaba de ella, he decidido pasar a las células y los átomos, las células vivas, las muertas y los nutrientes, y por qué un árbol en la calle crece pero la balaustrada de madera en la que estábamos apoyadas no va a volver a crecer nunca más por mucho que la riegue. Cuando ha llegado su madre del trabajo le he dicho que su hija me había hecho una pregunta muy interesante y ella, intentando adivinar cuál había sido, le ha preguntado si esta fue “How big is the universe?”, todo un clásico.

A mi me parecía que una de las mejores preguntas de la historia era la de: “¿Si tuvieras que comer un bicho crudo, cómo lo prefieres, viscoso o crujiente?”. Es curioso cómo algunos lo tienen clarísimo, y otros, como yo, son incapaces de decidirse aunque hayan tenido años para pensárselo (y mira que es trascendental el tema). Sin embargo, acabo de encontrar la mejor pregunta del mundo en este sitio tan genial: “ Hace algunos meses leí en el blog de Kurt un post en el que informaba de que había llegado a la conclusión de que todos tenemos un precio, y bastante más bajo de lo que creemos. ¿O te negarías a acostarte, por poner algo, con José Luís Moreno por una cifra de tu elección? Pues coge esa cifra y muévele el punto dos o tres lugares hacia la izquierda y te aseguro que también lo harías. Respecto a la pregunta de antes (la del millón de dólares, no la de cómo de grande es el universo), si alguien tiene una respuesta, por favor, que la deje en los comentarios. Yo soy tan miserable que abrazaría encantada los 10,000 dólares si no me dieran a elegir el millón. Y espero empezar a recibir propuestas por ese módico precio cuanto antes, ya puestos.