Siempre he sido anti-iPod. ¿Por qué? Porque me parecían demasiado caros y sobre todo porque me daba mucha rabia que todos sus complementos tuvieran que ser, obligatoriamente, marca Apple. Me parecía un monopolio absurdo y otra vez, caro. Y eso que soy más de Mac que de PC (sí, ya sé que tengo un pc, pero de nuevo, Mac es muy caro para mí, y todavía no me he atrevido a dar el salto).

Ha bastado menos de una semana con un iPod que Pablo me tuvo que dejar aquí porque se quedó bloqueado y no se podía apagar (y recordemos que no se debe despegar ni aterrizar con aparatos electrónicos encendidos, niños), para convencerme de que el iPod es una de las máquinas más maravillosas del mundo.  Parece que está diseñado para dejarme hacer todo lo que mis manías en lo que a escuchar música se refiere demandan (y no son pocas).  Hoy en la lavandería una desconocida me ha enseñado su iPod Touch, y me he enamorado. Quiero un iPod Touch. ¿Alguien me lo regala?