La foto
Hoy me despierto pensando en mi madre un poco. Me acuerdo de una fotografía que me hizo Marta cuando en segundo de carrera vino a Madrid y de allí fuimos a pasar un día a Burriana, y que le envié a mi padre por e-mail porque sabía que a mi madre le iba a hacer ilusión. Cuando volví a casa al cabo del tiempo, la fotografía estaba ampliada, impresa y enmarcada, expuesta sobre el aparador de la entrada. Mi madre nunca hacía cosas así, y me llevó a que la viera y me explicó que aunque no habláramos a menudo pasaba todos los días delante de la foto y la miraba “y le daba cosita”, me explicó llevándose dos dedos al estómago y sonriendo. Ahora me doy cuenta de la ilusión que me hace esa foto cada vez que paso por delante de ella.
Estiro un poco el brazo y agarro la única fotografía enmarcada que llevo siempre conmigo allá dónde me mude. Somos mi padre y yo, sentados en la caseta de feria, cuando yo tenía unos 10 años-tal vez más, tal vez menos- no sabría decir. Mi padre gesticula muy expresivamente con ambas manos levantadas, los dos tenemos la boca abierta y una sonrisa amplia y estamos indicando algo con insistencia a quien hiciera la foto. Yo juraría que la autora es mi madre, y que le estábamos pidiendo que no volviera a poner el dedo delante del objetivo, aunque si me paro a pensarlo bien, podría haber sido mi hermano también. Me acuerdo un poco de ese día, era martes casi seguro porque era la comida que el estudio de mi padre organizaba cada año en la caseta. Él lleva una chaqueta de pelo de camello que todavía usa a veces, y yo un traje de gitana que me hizo a medida una modista a la que mi madre me llevó por primera vez ese año y a la que volveríamos varias veces desde entonces. Era de las pocas actividades en las que mi madre hacía bien de madre y yo hacía bien de hija: ir a casa de la modista, sentarnos al calor de la mesa camilla y pensar el vestido, charlando un poco acerca de todo. Sólo dio tiempo a que me hiciera dos vestidos más, no obstante.
Hace poco alguien que me conoce poco me dijo: “You really love your dad, don’t you?”, mirando a la foto, y yo sé que lo decía por eso, pero también porque de lo poco que le he contado sobre mí se puede adivinar la devoción que siento hacia mi padre. Nunca se lo he dicho, pero es el hombre de mi vida y yo atesoro recuerdos muy especiales del poco tiempo que hemos pasado juntos. Desde pequeña he jugado con el reloj que mi madre le regaló cuando se prometieron -que, sorprendentemente, no lleva puesto en la foto- y el año pasado me dijo que se iba a comprar otro reloj para que mi hermano heredara el nuevo y yo ese, que sabe que me gusta. Me alegré, hasta que ahora mirando la foto me he dado cuenta de que no quiero tener que ponerme nunca ese reloj: prefiero que sea mi padre quien pueda seguir llevándolo muchísimos años más.
No tengo ninguna foto de mi madre. En la cartera llevo dos fotos suyas de carnet por las que la gente que acabo de conocer me pregunta cuando las ve y reacciona sorprendida al saber que mi madre era rubia. Nunca he llevado una foto de las dos enmarcada, como con mi padre, entre otras cosas porque las pocas que tengo no me traen muy buenos recuerdos. Nuestra relación era más bien agridulce, eso no hace falta que lo explique. Sin embargo, si observo la foto con mi padre puedo ver claramente a mi madre con un traje de chaqueta de color crema, oliendo a algún perfume demasiado intenso para el calor que hacía ese día y con el pelo ahuecado como se lo arreglaba para las ocasiones importantes. Miro mi vestido también, y está su huella inconfundible: el blanco impoluto, los volantes impecables que planchó en bata durante horas, sudando al vapor de la plancha, mi pelo tirante y las flores colocadas con maestría. Probablemente nos gritamos e incluso lloré de rabia mientras me las colocaba -era la tradición anual, pelearnos con furia por cuál debía ser la posición exacta de las flores en mi pelo-, y probablemente aquel día yo odié cómo lucían y le puse mala cara a mi madre todas y cada una de las quinientas veces que vino a decirme lo guapa que estaba, lo perfectamente planchado que llevaba el traje, que iba hecha una paloma, que una vez más había vuelto a acertar (porque el mérito de vestirme de flamenca siempre era suyo), y que en toda la feria de Sevilla no había otra como yo y que la gente se me quedaba mirando y los amigos de mi padre no paraban de decírselo. Siempre me había sentido un poco culpable por no llevar ninguna fotografía suya y sin embargo pararme a mirar esta con mi padre cada vez que tengo un mal día. Sin embargo ahora me miro a mí en esa foto y entiendo que es un retrato de los tres. Aunque hasta hace poco me lamentara de que, como siempre, tuviera que amargarme el día por una nimiedad como las flores que tenía que llevar en el pelo o la posición exacta del mantoncillo, ahora miro la foto y reconozco que, a pesar de mi disgusto, hizo un buen trabajo. No tengo esa sensación muy a menudo respecto a mi madre -de hecho diría que es la primera vez que la tengo-, pero me gustaría mucho repasar algún otro recuerdo y volver a tenerla. De momento me quedo con la foto del día de feria, con mi padre y yo exclamando algo mientras nos reímos, y aunque no lo sepa con certeza, con mi madre y su traje de chaqueta de color vainilla ignorando nuestras indicaciones una vez más, para desesperación nuestra.
Me encanta cómo escribes, Paula. Este post podría haberlo leído en una de las últimas páginas de El País Semanal (es la única cosa que he leído en mi vida en la que escriben columnistas) con tu nombre y apellido debajo del título en chiquitito, y me habría gustado mucho.
Te entrada tan tierna, polis
Conmovedor. Lo busques o no, eres una prosista fantástica… hale, dicho queda.
Rosa, muchas gracias. Me acuerdo de que en segundo de bachillerato queria ser como Millas para participar en La Ventana, tener una columna los viernes en El Pais, y poder escribir un reportaje para EPS cuando me apeteciera (y vivir de las novelas tambien, claro). Que tu me digas eso me hace especial ilusion, como te puedes imaginar.
Clarilla, gracias!
Bato, que tu me digas que soy buena prosista, y mas sobre cosas que escribo de sopeton y publico sin revisar, es mucho mas que un halago. Gracias!