Londres
Son casi las seis de la mañana y llovizna en Londres. El pavimento es un espejo sobre el que resuenan mis tacones con cada paso. Camino sobre los altísimos edificios de la city de vuelta a casa. La ciudad está desierta y en la primera media hora de camino sólo me cruzo con un señor mayor en manga corta que sostiene un paraguas con sus manos vestidas con guantes turquesa. Se sorprende al verme, estoy segura de que es su ruta habitual y no acostumbra a cruzarse con nadie a esas horas y por esas calles.En mi cabeza suena Disarm, de los Smashing Pumpkins. Hemos pasado horas en casa de Steindor escuchando a The Velvet Underground, bebiendo cerveza y hablando un poco sobre todo y sobre nada a la vez. Se nos ha hecho de día y una brisa agradable y fresca entraba por la ventana, junto a la que estaba sentada. Cuando una conversación empezaba a agonizar cerraba los ojos y disfrutaba del silencio, del olor a hierba mojada, de la música. Me he acordado de Disarm y la he puesto a sonar. De pronto todos nos hemos callado y hemos empezado a cantarla en voz baja, yo al menos me la cantaba a mí misma. “The killer in me is the killer in you.” Cuando he empezado a sentir que estaba con viejos amigos a los que hacía años que no veía y a los que probablemente no volvería a ver nunca, le he dado un beso a cada uno y me he marchado antes de que la nostalgia se apoderara de mí por completo. Luego he caminado hasta mi casa durante una hora, con mis pasos resonando en la ciudad dormida y Disarm sin parar de sonar en mi cabeza demasiado despierta.
La letra no me apasiona, pero es un tema cuya melodía atrapa.
Hay dos tipos de personas en el mundo, las de Disarm y las de Today: una vez más, hemos elegido el bando equivocado