El órdago -te dices, a las cuatro de la mañana-, el órdago: bébetelo, te dices: bébetelo ya, no esperes. Se te olvida todo lo que ibas a decir, excepto esa frase: algo sobre la permanencia, sobre el destierro, sobre la vida. El taxista pone No surprises y me cae como un jarro de agua fría: sin sorpresas, de pronto me doy cuenta de lo que significa. Sin emoción, sin vida. Bébetelo, te dices: poco más te queda, la vida es esto. Escribe una nota, huye, siéntete culpable. Te queda muy poco más aparte de esto. Todo lo demás es mentira. Has conocido a un traficante de drogas esta noche, y te lo ha contado todo. Tu amante duerme, ajeno a todo: te disculpas por adelantado. Son pocos a los que de verdad les importa este órdago, pero tal vez les importa demasiado. No eres egoista, simplemente estás viva. Estás viva.