C2C DMC 2005
No sabía que hubiera concursos de esto. Ni que se pudieran hacer cosas tan guays.
Hoy voy a hablar del tiempo, muy original, y mira que me gusta criticar a los telediarios cuando nos dan la noticia en verano de que hace calor, en invierno de que hace frío, en rebajas de que todo es más barato y en Navidad de que todo es más caro. Yo hoy doy la noticia de que la primavera parece haber llegado a Madrid (aunque no sé si se habrá instalado definitivamente o no), y de que además la disfruto.
Oh, Dios mío, creo que me estoy convirtiendo en una persona de esas que llaman “buen tiempo” al sol, y que no van a clase cuando llueve, y además les parece una justificación aceptable. Sí, yo, la que antes refunfuñaba en cuanto la temperatura subía de 20 grados y empezaba a probarse los abrigos, los guantes, las boinas y los leotardos en agosto (esto, creedme o no, pero es cierto), me sorprendo a mí misma saltándome una clase para tomar el sol en el cesped de la universidad, y saliendo a pasear por el retiro un martes cuando vuelvo a casa para aprovechar los últimos rayos de luz del día, y saliendo a mi terraza de noche a escuchar la quietud de la noche y de la tibieza del aire estático.
No sé muy bien por qué, pero todo esto me recuerda muchísimo a mi primer año en Getafe. Me recuerda a Luis, a David y a Alberto, a cuando empecé a salir con ellos a menudo, a sentarnos en los bancos de delante de la resi por la tarde, a Alberto muriéndose de la alergia en el campo de Castilla-La Mancha, a las tardes que se convertían en noches en la azotea del piso al que me mudaría poco después, y sobre todo a los paseos de vuelta a mi habitación compartida por temporadas, de noche, con Getafe durmiendo y ese rumor tan sordo de la ciudad que crece a lo lejos.
Me imagino que entonces ya se atisba en mi ese yo que disfruta ahora de la primavera como nunca. Es extraño, han cambiado tantas cosas… ya no volverán nunca esos días, fueron sólo una de las muchas estaciones en las que me he detenido fugazmente y sin pausa en los últimos cuatro años. Se me escurren los recuerdos como agua entre los dedos de la mano. La que era yo entonces ya no volverá, lo que eran los otros para mí, tampoco. Y sin embargo salgo tarde de la universidad, cuando ya atardece, y creo que en esa luz dorada está contenido el germen de la que soy ahora, como si en el fondo la estuviera disfrutando de la misma manera. Me siento como si me hubiera ido de viaje una larga, larga temporada, muchos años, y ahora regresara de vacaciones al hogar. Sólo que en el hogar no me espera ninguno de los que yo me esperaba, empezando por el yo pasado que ahora me mira con ojos de niña sorprendida, incapaz de reconocerse en ese adulto de mirada áspera que ha vuelto a visitarla.
Llevo unos meses corriendo con un grupo al que conocí a través de un reto en la comunidad Nike+. El hecho de que sean en su mayoría de Florida, varones, y que sus carreras no superen los 6 km de duración ni un ritmo de 6.30km/h me hace sospechar que estoy compitiendo con un grupo de cuarentones barrigudos que se han propuesto correr como propósito de año nuevo.
Oh well, sea como fuere de vez en cuando quedo primera en los retos, y supongo que no hace falta decir que eso es motivación más que suficiente como para que este mes me haya propuesto completar las 50 millas enteritas.
La violencia nunca jamás estará justificada (excepto que se considere violento un acto en defensa propia, siempre a posteriori). Nunca, y no hay pero que valga. Pero por primera vez en mi vida creo que voy a tener que contradecirme, y rendirme ante el tramposo: esta vez sí que ha valido. Aunque sólo sea para poner de manifiesto la cobardía de los terroristas: ponemos bombas de noche y disparamos en la nuca, pero no somos capaces de detener al que nos ataca a cara descubierta y a plena luz del día, desafiando nuestras amenazas y rompiendo estrepitosamente esa suerte de ley del silencio que habíamos impuesto. Lo observamos desde lejos arrasar con todo, grabándolo incluso como quien aterrado y a la vez fascinado quiere atrapar la memoria de un fenómeno natural catastrófico, imparable, sintiéndose uno vulnerable e impotente ante su fuerza el tiempo que dura esta. Y cuando ya se ha ido, jugamos a hacernos los héroes denunciando la injusticia de la que se nos ha hecho víctimas, nos indignamos, y pedimos que se nos restituya el daño no sólo físico, sino sobre todo moral, que ha supuesto su actuación.
El hombre que gritaba “¡Cago en la hostia, que ellos me han destrozao la casa!” y con toda su furia reventaba a mazazos la guarida de los asesinos ha tenido que abandonar el pueblo, amenazado de muerte. A mi siempre me ha parecido ridícula la determinación de los kamikazes que gritaban ¡Banzai! y se estrellaban contra otros pobres como ellos, arrojando más escombros sobre la ya encarnada situación destructiva en la que surgieron. Me lo sigue pareciendo, pues, como decía, no veo justificación a la violencia, nunca, por mucho que sienta uno la flama del honor en el pecho y en su abstrusa mente no aparezca una idea mejor que destruir e inflingir daño para apagarla. No obstante, ver al vasco con su maza rompiendo cristales de forma metódica, casi cansada, diríase rutinaria, tras la inicial descarga de rabia, me he acordado de los kamikazes, y he pensado que si en vez del sonoro “¡Cago en la hostia!” hubiera estado gritando “¡Banzai!”, por una vez no me habría sonado risible la histórica expresión nipona.
Hacía mucho que no iba al cine y veía una película buena. Tanto que no me acuerdo.
Me ha encantado: no tenía ni idea sobre el argumento, y sólo esperaba ver a una Kate Winslet espectacular en su actuación, pero me quedé corta. Creo que es la primera película que veo que, como un buen libro, sólo se sostiene por los significados que transmite, y no por la historia que narra. ¿Que alguien no entiende qué es una depresión? Que vaya a verla. Es impecable: la música, los actores, la fotografía, y sobre todo el timing. Como una obra de teatro perfectamente milimetrada, está pulida al límite, y jamás hubiera dicho que dos horas de drama se me harían tan cortas.
No obstante, voy a confesarlo: mi entusiasmo viene marcado por mi inmersión en una historia que parece estar escrita para mi. No es argumento válido para recomendarla, pero anoche desde el minuto quince de película supe predecir todo aquello que sucedería en la historia. Todo lo que salía de las bocas de los personajes no son otra cosa que el diálogo de las crisis existenciales, y cuando faltaba media hora para el final esperé utópicamente que igual que aquella cinta me había llevado paso a paso por mi existencia de los últimos años me explicara, llegado al momento de mi actual situación, cuál era la feliz solución posible. Digo utópicamente porque desde el principio sabía ya que aquella película no habla de otra cosa que de la desesperanza, y allí no había final feliz que cupiese. Y sobrecogida asistí al desenlace que sabía que era inevitable, y al ácido guiño final del director que sólo nos transmite un mensaje: no hay esperanza posible, sólo conformismo bien llevado, o tragedias irresolutas.
Estoy bebiendo fanta verdia y comiendo lays vinagreta. A la vez. En serio.
Que alguien aparte a youtube de mi mientras duren los exámenes
Coqui era sólo un poquito más grande que este cuando lo trajimos a casa. Claro que él tenía tres meses y todavía no había aprendido ni a ladrar.
En la entrada anterior explicaba que había tenido que demostrar que el rey de Argentina es calvo si y sólo si el rey de Argentina no es calvo. Bien, eso es parte de la asignatura de lógica que nos imparte Fernando Broncano, ese ser sobrenatural que cuando te habla consigue hipnotizarte aunque hayas dormido cinco horas la noche anterior, lleves seis sin comer, el aula esté a -2ºC porque se ha estropeado la calefacción y lo que esté intentando explicarte sea el origen del universo. No sabemos si reside este poder en su infinita sabiduría, su agudo sentido del humor o su atractivo físico, pero tanto magentismo personal concentrado está claro que alguna vez rebasa los límites de lo comprensible para simples mortales como somos sus alumnos. Eso hemos pensado al leer la primera pregunta del examen de hoy, de la otra asignatura que imparte (”Historia de la ciencia y la tecnología en el mundo contemporáneo”, ahí es nada), para la que disponemos de cinco días para contestar en 2500 palabras:
“La ciencia como evento histórico ha transformado las estructuras básicas de la vida cotidiana en lo que respecta al espacio y al tiempo. Desde una estructura básicamente cerrada, determinista, heterotrópica, centrada en las actividades comunitarias se cambia a una estructura limitada, isotrópica, pública, basada en procedimientos objetivos. Las estructuras anteriores permanecen como vivencias, rituales, etc. Desarrollar esta idea, atendiendo especialmente a la función social de mapas y calendarios (en la modernidad)”.
Esto… ¿alguien me ayuda?
“Si el rey de argentina es calvo, entonces hay un rey de Argentina. Si el rey de Argentina no es calvo, entonces hay un rey de Argentina. No hay un rey de Argentina. Por lo tanto, el rey de Argentina es calvo si y sólo si el rey de Argentina no es calvo.”
Llevaba desde el día 21 de Diciembre intentando demostrar que esto es cierto. Sólo me he sentado tres tardes a intentarlo de forma explícita, pero mentalmente no hacía más que tratar de averiguar la solución. Esta mañana, cuando ya le había escrito al profesor de Lógica para pasarme por su despacho a por ayuda, he decidido darme una última oportunidad, más que nada por la pereza de tener que ir hasta Getafe… ¡y lo he conseguido! No sé si mi derivación es totalmente correcta o no, pero por lo menos se acerca mucho a estarlo. Y lo he conseguido yo solita, con los apuntes de seis clases de lógica proposicional y muchas dudas sin resolver.
Pero al final he derivado que (p˄q) -˃ p, (p ˄¬q) -˃ p, ¬p ˫ (p˄q) ˂-˃ (p ˄¬q), para que luego en el examen saque un cinco (y gracias….) si no me merezco un sobresaliente por esto, ¡que baje Dios y lo vea!
Yo todavía no he podido verlo, pero Cocky ya está en casa. En la semana que ha estado fuera se ha echado tres dueños, y los últimos, una familia de por aquí, decidieron quedárselo y lo llevaron al veterinario para que le hiciera una revisión completa. Esta familia no tenía ni idea de la existencia del microchip, por lo que en seguida el veterinario identificó al perro, lo llevó a casa, y final feliz. Ahora está cansadao y un poco raro, según mi padre, y parece que hasta se le han pasado las ganas de escaparse. En cualquier caso, yo no puedo esperar a volver a verlo, y os mando desde aquí mi agradecimiento eterno a todos los (muchos) que habéis puesto vuestro granito de arena para ayudar a encontrar al fugitivo de mi perro.
Mi perro, Cocky, un golden retriever de 10 años, se ha perdido.Se escapó la noche de reyes y no ha vuelto, y yo no lo he sabido hasta ayer (ya que me volví a Madrid justo aquel día…). Es muy raro, en toda su vida jamás se había perdido, y eso que es un maestro del escapismo: hacía agujeros en la verja del jardín, había aprendido a abrir todas las puertas de la casa, y cuando te dabas cuenta te estaba ladrando desde el otro lado de la cancela del jardín para que le abrieras y poder entrar en casa después de su paseito diario. Últimamente (con esto quiero decir en los últimos meses) se marchaba a diario y nos esperaba tumbados en la acera de casa cuando no había nadie dentro para abrirle la puerta. Es muy inocente y muy amigable, tanto que varias veces la vecina nueva de al lado se lo llevaba a su casa para que no nos esperase en plena calle, y él encantado con la invitación, por eso sospecho que ha podido llevárselo alguien.
Es mayor ya y no es muy juguetón, se dedica a dormir la parte del tiempo, porque además tiene artrosis y le duelen las patitas, y le cuesta algo de trabajo moverse. A no ser que haya comida de por medio, entonces te pone carita de pena y ojitos tiernos hasta que le des un poquito de lo que estés tomando. Es experto en dar las patas: primero una, luego la otra. Lo hace para caer bien, pero sobre todo porque le gusta que se las aprieten muy fuerte, y él-aunque esto me imagino que hasta que uno no lo comprueba en vivo y en directo no se lo cree- responde con otro apretón. Es muy obediente, nunca ha hecho una sola travesura, no se pelea con otros perros, y le da miedo de casi todo lo que haga ruido, menos de los coches: una vez de pequeño incluso lo atropelló uno, pero él sigue dándose sus paseos por mitad de la calzada, sin inmutarse cuando se acerca algún coche…
Estoy muy triste, muy apenada, y muy preocupada. Siempre me ha dado miedo que algún cínico se lo llevara para hacerle putadas, como vi una vez a mis vecinos hacer con un gato. También me da bastante miedo que lo atropelle un coche, aunque como es un perro bastante grande creo que esto es más difícil… me gustaría pensar que alguna familia buena se ha encaprichado de él, porque es muy bonito, muy peludo, muy suave y muy cariñoso, y lo están cuidando hasta que sepan de dónde se ha escapado… lo que pasa es que lleva microchip, y en ese caso ya deberían habérselo detectado…
No sé muy bien qué hacer, ni mi padre y mi hermano tampoco. ¿Dónde buscarlo? Puede haber ido a tantos sitios… Yo me acuerdo de la historia de Peludo, y me gustaría poder hacer algo parecido, pero no sé cómo alcanzar ese nivel de difusión. Voy a esperar unos días por si aparece. A todos los que leáis esto y viváis cerca de mi casa en Sevilla(y no tan cerca)os pido por favor que os fijéis un poco por si veis a un perrito muy peludo, de color dorado y tamaño mediano-grande (pesa 32 kgs.) con una cola muy bonita y vistosa, contoneándola en cada uno de sus alegres trotes. Pondría una foto, pero en este ordenador no tengo. Para que os hagáis una idea, es de la misma raza que este.

Hace un año recibía al 2008 aparentemente resignada, pero esencialmente entusiasmada, o eso se puede leer entre líneas en lo que escribí hace más de un año. No esperaba nada del año, decía, pero luego enumeraba todo lo que esperaba encontrarme en mis trescientos sesentaycinco (un día más, en realidad, pues era año bisiesto…) días nuevecitos, y aunque no lo hiciera a propósito, había instaladas en aquellas líneas un optimismo y una emoción que ahora me sorprenden. Tenía la sensación de estar estrenando un regalo, creo, aunque fuera un regalo que no había pedido y que no me hacía especial ilusión, pero al menos eran mis días, eran nuevos y eran míos, y podía hacer con ellos lo que quisiera, que no es poco.
Este primero de enero ha sido diferente a todos los demás, por lo que leo en la entrada de hace un año. Yo diría que llovía el primer día de este 2009, y en cualquier caso no recuerdo haber visto esa pálida luz fluorescente de la que ni me acordé. Salí casi por obligación dos horas de casa y volví para acostarme todo lo temprano que pude, y a la mañana siguiente no me levanté de la cama hasta que hacía horas que el concierto de año nuevo se había terminado. No he imaginado ningún propósito para este año-nunca los hago, aunque siempre trato de imaginar alguno que me convenza-, ni tampoco he sentido el cosquilleo involuntario en la boca del estómago cuando oigo sonar los cuartos del reloj de la Puerta del Sol desde la televisión. No he tenido conciencia de estar triste, ni alegre, tal vez un poco melancólica, no me he acordado de mi madre con amargura, no he hecho un esfuerzo por no rememorar otras nocheviejas, ni todo lo contrario. El año se ha ido y ha empezado otro y yo nunca podré haber dicho de manera más acertada que me ha sido totalmente indiferente.
Un ejército invade una región y la asola alegando fines defensivos. Resulta que en el mundo hay organismos internacionales que reciben mucho dinero y atención que no saben qué opinar al respecto. Tienen sus ejércitos que solamente utilizan en “misiones humanitarias”, y solamente intervienen militarmente cuando consideran que es necesario, porque hay guerras buenas, y guerras malas. En el fondo es su forma de decir que les es del todo indiferente quiénes bombardeen a quién, a no ser que los bombardeados sean ellos. O no vale ninguna guerra, o valen todas. Y si vale una, desde luego que valen todas, y lo que no tiene ningún tipo de validez son las organizaciones que tratan de promover la paz a nivel internacional distinguiendo guerras y guerras, quedándose paradas ante la mayoría de ellas.
Yo tengo exámenes dentro de poco y por primera vez en mi vida no he estudiado nada a quince días del comienzo, ni me veo con fuerzas de empezar a hacerlo próximamente. Todo me es indiferente y no sé si quiero hacer algo con estos trescientos sesentaycinco días nuevos que de pronto se me aparecen, pero que este año no son míos. Vivo en un presente continuo, llano y templado en el que los sobresaltos, buenos o malos, son anécdotas que se van quedando enterradas muy atrás, muy lejos. No sé si aprenderé nada de esto, y tampoco me interesa: me es indiferente. Sé que afuera hay una guerra y que los que están alrededor no escuchan, porque también les es indiferente, como la indiferencia de los otros que se me acercan y alejan a diario me hace también ajena a ellos. Pero más indiferente es para los que están en la guerra aquello que sucede a los que están fuera de ella, y si nadie rompe ese absurdo juego de espejos termina siempre por suceder lo mismo: que la indiferencia, callada y corrosiva, se extiende inexorablemente, devastando todo aquello que encuentra a su paso.
Llevo tiempo queriendo escribir con alguna excusa las siguientes conversaciones (o extractos de ellas) que me han resultado especialmente divertidas, pero como no encuentro la excusa he decidido contar tres, así, sin más, por orden totalmente aleatorio:
Pavlo y sus títulos inventados.
Pavlo: - Ah, sí, como la película esa, ¿cómo se llamaba? “Grita, grita” (alzando mucho el tono de voz)
Yo:-”¿Cuál?”
Pavlo: - No, mentira, se llamaba… “Pájaro, Pájaro” (gesticulando con las manos como si me tirara un pájaro a la cara), ¿¿no??
Yo:- ¿¿”Ladybird, Ladybird”??
Pavlo: -¡¡¡ESA!!!
Poco a poco mi destreza para descifrar lo que Pavlo quiere decir cuando se inventa un título se fue desarrollando hasta llegar a momentos como el siguiente, en el que si alguien hubiera oído la conversación probablemente habría pensado que pasamos demasiado tiempo juntos…
Pavlo: - Tenemos que ver una serie que me han recomendado… se llama “Mi primo Peter”… o “Mi hermano Thomas”. Algo así.
Yo: (sin dudarlo) - ¿Te refieres a “Cómo conocí a vuestra madre”?
Pavlo: -Sí, esa.
Yo: - Empiezo a preocuparme…
Mi padre y su “fina” ironía:
Con mi padre en el coche. El locutor de Radio 5 en una cuña hablando sobre un tenor recientemente fallecido y alabando su voz de forma alarmantemente rimbobante y totalmente irreproducible aquí. En los segundos que pasan desde que deja su pomposa elegía hasta que empieza a sonar la interpretación de dicho tenor, mi padre y yo callamos aturdidos ante el semejante alud de palabrería ridícula que acaba de venírsenos encima. Como sé que los dos estamos pensando lo mismo, me atrevo a hablar:
Yo: - Hay que ver las cosas que dice este hombre…
Mi padre: - Sí…
Yo: -¿Qué será eso que ha dicho de “la pasta baritonal”?
Mi padre: - Pues no sé. Será lo mismo que la pasta de boniato, que yo todavía no he logrado averiguar lo que es…
Mi padre comprándome un reloj nuevo en El Corte Inglés:
Mi padre:-Señorita, ¿y está usted segura de que esto es cristal de zafiro y no de cuarzo?
Señorita:- Segura, segura, segura… vamos, palabrita del niño Jesús…
Mi padre:-Ah, bueno, si me lo jura por el niño Jesús, entonces…
Señorita (obviando la mofa):- Que sí, que es muy bueno este reloj. Y mire, es sumergible a 50m y aguanta una presión de 10 atmósferas…
Mi padre me mira entusiasmado y exclama con ironía: - ¡¡Oh, qué maravilla, Paula!! ¡¡¡Si hasta lo puedes meter en la olla exprés!!!
Lo que no entiendo es cómo la dependienta en cuestión no llamó a seguridad para que se lo llevaran, y al final hasta logró vendernos el reloj en cuestión…