Se acabó Londres. Ya no hay más viento en los tejados, y si se aplica la regla de que la actividad bloguera es inversamente proporcional a la actividad vital del que escribe, os quedará muy claro que mis últimos días en Londres han sido un no parar. Salir de día y de noche, a museos, a restaurantes, últimos paseos con los pocos que quedamos, discotecas en mazmorras, con piscina, sangriadas, madrugones para trabajar, despedida de mis niños, enviar paquetes a España, comprar más zapatos todavía y estrujarlos dentro de una maleta que no cierra, últimas 24 horas sin dormir, un vuelo, y fin.

Yo pensaba que el día que abandonara Londres lo haría llorando con Fog de Radiohead a todo volumen en el iPod y la cara pegada al cristal del Gatwick Express sin creerme todavía que había cerrado la puerta de mi habitación de la residencia para siempre. Pero no fue así por varios motivos, el principal, probablemente, que no tuve que ir al Gatwick sino al City airport en taxi porque me era imposible a mi sola desplazarme más de 10 metros cargando con mis 50 kilos de equipaje distribuidos en cuatro bultos.  Tras dos días intentando dejar mi cuarto como si nunca hubiera vivido allí, cuando por fin cerré la última maleta a las 6 de la mañana, me alegré y todo, y la perspectiva de pasearme por Madrid con todos aquellos bultos y coger un Ave hasta Sevilla hizo que se me olvidara por completo de alguna manera que me iba de Londres y centrara todas mis preocupaciones en las dificultades logísticas del viaje. Sea como fuere, al final no sentí nada cuando me marché de aquella ciudad, salvo un ligero alivio al facturar las maletas y mucho cansancio acumulado.

Me imagino que todo esto tiene que ver con el hecho de que me haya autoconvencido de que tarde o temprano - espero que más bien lo segundo- volveré a Londres. España es sólo un paréntesis, no es el adiós definitivo. Londres me espera con la misma indiferencia con la que me vio llegar e irme, como ha visto ya a millones, y yo no puedo evitar sentir cosquillas en el estómago cada vez que pienso en regresar cuanto antes. Siempre había sentido cierta angustia respecto a mi futuro como “adulta”. La sola idea de imaginarme viviendo en una ciudad durante más de 5 años seguido me causaba claustrofobia, pero con Londres no sucede así. Londres es tan maleable, tan cambiante, que es como vivir en muchas ciudades a la vez, y supongo que por eso quiero volver. Hoy a la hora de comer mi madre me ha preguntado qué oposición pienso hacer cuando termine la carrera, y casi me atraganto. Yo nunca he mencionado la palabra oposición a mi madre, y aunque podría haberle mentido, o haber esquivado el tema, he preferido dejar bien claro que no pienso hacer, por ahora, ninguna oposición y, sobre todo, que pienso irme de España en cuanto tenga la oportunidad, no sé si definitivamente, pero sí durante una larga temporada. Ha seguido un silencio incómodo, y luego una especie de broma-reproche por no saber valorar lo maravilloso que es esta ciudad, casi instándome a quedarme. No la culpo por no entenderme, y es probable que tenga razón. Pero por ahora lo único que me hace seguir adelante es la perspectiva del retorno a la primera ciudad de la que me he sentido verdaderamente parte. Sé que mi vida allí será muy diferente a como lo ha sido estos nueve meses, y tal vez tras poco tiempo allí me canse y vuelva; pero ahora mismo es lo que quiero hacer, como la primera decisión clara que he tomado en mi vida, justo ahora que tengo tiempo y oportunidades para equivocarme y rectificar, así que evidentemente no voy a desperdiciarlas. España es sólo un paréntesis.