Piernas, para qué os quiero.
Estoy harta de mis piernas. Primero me prohiben el squash, y cuando me vuelvo toda una entusiasta del jogging, el fisio me lo prohíbe. Hoy me ha tenido cuarentaycinco minutos delante de un espejo obligándome a observar y entender, con todo detalle, todos y cada uno de los defectos de mi musculatura, mis huesos y ligamentos. Cuando le he dicho que me estaba haciendo sentirme mal acerca de mis músculos, se ha reído y me ha dicho que es que, efectivamente, están mal. Le parece increíble la de condiciones negativas que mis piernas (y cuando digo piernas, me refiero a todo lo comprendido en la cadera y la planta del pie) reunen, y que haya sido capaz de hacer deporte regularmente durante los últimos tres años sin que los dolores me hayan hecho desistir. Me siento como una abuelita ahora con mi nueva rutina de ejercicios,que consiste en hacer repeticiones aburridísimas para fortalecer ciertos músculos. Si pudiera me las cambiaba por unas nuevas, fuertes y sanas (y más bonitas y algo más estilizadas, que ya puestos a pedir…).
Comparte este artículo
Licencia de los contenidos
Esta obra está protegida por una Licencia Atribución-NoComercial-SinDerivadas de Creative Commons.