En noviembre tengo una semana libre, supuestamente para estudiar, que se llama reading week. Evidentemente, quiero dedicarme a viajar aprovechando que estoy en una ciudad con vuelos baratos a casi cualquier sitio del mundo. Las posibilidades son tantas y tan amplias que no termino de decidirme.Al principio pensé en algún país nórdico, y Estocolmo parecía la ciudad ganadora. Cuando ya había decidido irme aunque nadie quisiera acompañarme, me asomo a Ryanair y resulta que los vuelos han subido de precio de manera repentina.

Así que replanteamos el viaje y pensamos en irnos a Edimburgo, en autobús. Sí, hablo en plural, porque a este viaje sí que se apunta más gente. El único problema es que me frustra ir a Edimburgo, la ciudad, y no visitar los alrededores, que probablemente me interesen más. No lo hago porque hace falta un coche y alguien dispuesto a conducir al revés, y no disponemos de ninguna de las dos cosas. Sin embargo, ahora hago consultas por internet, y resulta que es fáci, o eso parece, ir en autobús hasta los alrededores. Si alguien tiene alguna idea, experiencias por ahí, que me escriba, por favor, se lo agradeceré infinitamente. Así que parece que el plan va saliendo, y yo empiezo a notar cosquillitas en el estómago.

Chateo con Rosa, y se lo comento, y me pregunta qué es lo que más me gusta en el mundo. Y tras mucho pensarlo, concluyo que es viajar lo que más me gusta. Me gusta sentirme lejos y a la vez cerca. Me gusta quedarme con la boca abierta ante construcciones naturales y humanas que jamás hubiera imaginado que existieran. Me gusta leer, me gusta escuchar música, me gusta comer, y todo eso se hace cuando se viaja. Me gusta conocer gente, no dejar de asombrarme, no perder nunca la curiosidad. Me gusta tirarme en la hierba, me gusta navegar, me gusta sentirme perdida en medio de la nada y del todo más absoluto; me gusta ser una desconocida en ciudades enormes, o sentirme la protagonista en desiertos solitarios. Disfruto de la buena compañía, los momentos irrepetibles, la complicidad inexplicable que surge a veces. Ver a la gente reir, disfrutar, pasarlo bien, y no cerrar los ojos a las miserias ajenas, no dejar de ser consciente de otros problemas en otras vidas; escuchar el silencio a veces, pensar mucho, viendo paisajes desfilar ante mis ojos, contar historias, que me las cuenten. Me gusta el contacto con la naturaleza, respirar aire puro en otro lugar que parece el fin del mundo (sí, el mundo tiene muchos fines, voy descubriendo). Me gustan los museos, el arte, la moda, me gusta mezclarme con otras culturas, que me llamen extranjera, hermana, saber que soy una parte del mundo, que hay todavía muchas cosas que desconozco. Me gusta aprender, sentirme viva… me gusta, en definitiva, vivir, y mientras escribo esto me doy cuenta de que viajar es la mejor manera que he encontrado hasta este momento de sentirme viva.