Relajarse
Prometí ser fiel a mi blog y aquí estoy, intentando cumplirlo. En su momento me hubiera gustado escribir sobre la carrera nocturna pero ya se me ha pasado la emoción, aunque podéis leer algo aquí.Ahora vengo a hablaros de algo totalmente distinto: mi regalo de cumpleaños.
Este año, como regalo de cumpleaños, allá por junio, Pavlo me regaló Persépolis, de Marjane Satrapj, en francés. Al abrirlo para ojearlo con un crêpe por delante en la Crêperie des Artes, en París, me encontré un sobre negro muy elegante que contenía un vale por un “Recorrido Relajante” en un Spa que está en la calle Barquillo, en Chueca. Aunque me hizo muchísima ilusión en su momento, no tuve oportunidad de usarlo hasta ayer, y cuento mi experiencia en el spa, según las fases del recorrido:
-Oxigenoterapia: Esto es una pijada que por lo visto está de moda entre todo lo mejor de cada casa. Consiste básicamente, en darle al cuerpo una dosis extra de oxígeno que acelera la regeneración celular generando bienestar físico y por lo visto haciendo que estés más guapa. Tras cambiarme y ponerme el albornoz y las zapatillas que me habían dejado en el vestuario, me dirijo por un pasillo en penumbra y adornado con velas a una sala en la que hay cuatro tumbonas en las que los pies quedaban en una posición más elevada que la cabeza, y me tumbo en una de ellas como me indica la chica que me atiende. Me proporciona un tubito con dos agujeros (ni idea de cómo se llama eso) que está conectado a una bombona de oxígeno en la pared,me lo ajusta, y me deja allí tumbada un buen rato. Durante ese tiempo me dedico a mirar la pared de la sala en la que se refleja el agua de una fuente, a escuchar la música chill-out que suena en la penumbra y a oler el incienso. No noto nada especial y cuando ya empiezo a pensar que esto del oxígeno es un timo noto un ligero cosquilleo en los pies y empiezo a atontarme más de la cuenta. Justo en ese momento vuelve la chica y me dice que me levante despacio y la acompañe.
-Baño turco y ducha de contraste: Salgo de la sala de oxigenoterapia y bajo unas escaleras hasta llegar al baño turco. Todo en penumbra, con velas, incienso y música chill out. El baño turco me encanta (siempre me han gustado), porque además tiene un montón de diminutas bombillitas en el techo que cambian de color suavemente, haciéndolo aún más relajante, y una pared acristalada en la que se ven desde detrás del vaho las velas que hay en la terma colindante. Del baño turco salgo un par de veces para usar la ducha de contraste, que está justo entre la terma y el baño y consiste en tres chorros a presión que cambian de temperatura helada a hirviente en tiempo récord dirigidos al cuello y los hombros. La segunda vez que me ducho y vuelvo al baño turco me quedo atontada (yo juraría que hasta tenía la boca abierta) mirando las lucecitas del techo, hasta que alguien da dos golpecitos en mi puerta.
-Terma de hidromasaje: salgo y no hay nadie, pero veo que en la terma se han puesto en marcha dos cascadas y dos asientos de hidromasaje. Me meto en el agua, que está tibia, y me relajo usando las cascadas para masajearme los hombros y los sillones de hidromasaje para activar la circulación en todo el cuerpo. La terma es igual que el resto del spa, pero tiene además las paredes de piedra. De vez en cuando nado un poco, ya que es bastante grande y estoy sola. Cuando ya empiezo a aburrirme y a arrugarme más de la cuenta baja otra chica que desactiva el hidromasaje y me pide que la acompañe.
-Masaje completo: Mi parte preferida. Vuelvo a la planta de arriba y mi masajista me pide que me tumbe boca abajo y me quite el albornoz. Regresa y se disculpa porque la música parece que no funciona en esa sala, pero yo oigo la del resto del spa y no me importa. Me hace gracia porque está todo cuidado al máximo detalle: cuando meto la cabeza en el agujero de la mesa de masaje veo que justo debajo han colocado un jardín zen para que tenga algo bonito que mirar. El masaje es alucinante. Aunque me toca un poco las contracturas de la espalda, no se entretiene demasiado, lo justo para relajarme pero sin que me duela, no como cuando voy al fisio. Después me masajea los dos brazos, y las dos piernas. Lo de las piernas me encantó porque nunca me habían dado un masaje en las piernas y me relajó bastante los gemelos (que los tengo bastante cargados de tanta carrerita). En este momento lo empecé a pasar mal porque estaba tan relajada que era como si me hubieran dado un calmante. Una vez me dijeron que un chute de heroína proporciona una sensación parecida a la que se alcanza con un masaje a cuatro manos durante seis horas, y yo ayer no habría dudado en ese punto si alguien me asegurara que en el baño turco estuve inhalando opio sin saberlo. Intentaba mantenerme despierta pero no podía, y cuando me di cuenta oía a la chica desde muy lejos diciéndome que me diera la vuelta. Obedecí, y mientras empezaba a masajearme el pecho y el cuello me planteé convertirme al budismo o al hinduísmo o a alguna religión cuyos ritos incluyan los masajes relajantes, el incienso y recitar mantras. Siguió masajeándome los brazos, las manos, los dedos (uno a uno, y no es coña), y de nuevo las piernas, y finalmente los pies. Yo estaba muy emocionada pensando en el masaje de cráneo que venía luego cuando me dijo que ya habíamos terminado, y me quedé un poco extrañada. Le pregunté por mi masaje de cráneo y ahora la extrañada era ella. Se fue a preguntar, y volvió y se disculpó diciendo que no se había enterado de que me tocaba un masaje craneal y me había dado un masaje completo largo en vez de un corto (1 hora y media en vez de 1 hora), pero que si quería que otro día que volviera a hacerme otra cosa que me daba un masaje de cráneo también, que en realidad son 10 minutos. A mi me molestó un poco, porque dudo que vuelva a ir a un sitio así (a no ser que alguien me quiera hacer feliz y me regale otro vale), y ahora creo que lo apropiado hubiera sido que me diera el masaje en aquel momento. Pero entonces estaba tan relajada y feliz que me dio exactamente igual, así que me duché en la ducha de diferentes presiones, me vestí, y salí en un estado semicomatoso a la calle, donde me esperaba Pavlo para cenar en el japonés de enfrente.
Envidia (qué mala es).
Jooo, ¡qué envidia!, la verdad es que sólo de imaginarlo, relaja. Lo del masaje en cada uno de los dedos me recuerda a la Expo Zaragoza. En el pabellón de Filipinas me tocó (era un sorteo) un masaje de cintura para arriba con aceites procedentes de Filipinas y, ¡Dios mío!, fue lo mejor de mi vida.
Lamento que no te hiciera el masaje de cráneo, a mí el masaje de cráneo y el facial fueron los que más me gustaron.
Cuando acabemos la carrera nos vamos a ese Spa a una sesión completita completita.
Gros bisous!
Zoidito, hoy he cometido un acto que puede hacer tambalearse los cimientos de nuestra amistad. Por la tarde, en lugar de llamarte como me dijo Leila me vi Abuelo made in Spain con Paco Martínez Soria en Cine de barrio y se me hizo tarde. Lo sé, es terrible, no tengo perdón de Dios. Mañana te pego un toque aunque pongan una del mismísimo Curro Jiménez.
¡Lo siento!