Si hay alguna forma de identificar, a posteriori, una noche de insomnio sufrida por mí, no son las ojeras: es mi cuarto. A la mañana siguiente estará hecho un completo desastre. Una amiga del colegio, María, se dedicaba a reordenar el armario cuando no podía dormir, para que todo estuviera perfecto. Yo, cuando no puedo dormir, me dedico a actividades absurdas que acaban dejándolo todo como si hubieran asaltado la habitaci como hacerme la manicura y decidir que no me gusta el resultado, con el consiguiente derroche de papelitos llenos de esmalte por todas partes, o intentar rescatar del fondo del armario esa prenda que hace dos meses que no veo y cuya existencia ya casi había olvidado, vaciando el armario entero para no encontrarla y luego darme pereza volverlo a meter toda la ropa en su sitio.

Llevo dos noches consecutivas de insomnio del duro, esto es, me he visto dos veces seguidas “El Padrino”, de madrugada, a oscuras, metida en la cama, y he llegado al final sin haber bostezado ni una sola vez. No es que me aburra esta película, pero los que me conocen bien sabrán que aunque me esté encantando la película en cuestión, si estoy calentita y en posición horizontal la mitad de las veces acabo dormida con un tronco. Para que os hagais una idea, me quedé dormida viendo “Pulp Fiction” por primera vez.

La consecuencia lógica de todo esto es, evidentemente, el caos generalizado en mi pequeño habitáculo. Esta mañana había quedado a las 9 para jugar al squash pero estaba tan cansada que lo cancelé y me quedé en la cama a oscuras intentando dormir, hasta que a eso de las 11 alguien se puso a llamar a la puerta. No hice ni el amago de levantarme cuando ya la estaba abriendo una mujerzuela de pelo rizado con su llave maestra y gritando: “Room inspection!!!”. Creo que ya he hablado de esto anteriormente, así que no voy a explicar en qué consiste. Le dije a la señora que mi habitación estaba hecha un desastre, así que me dio media hora para arreglarla. Pasaron dos horas en la que no me atreví a meterme en la ducha por si acaso regresaba, y al final decidí desayunar, arriesgándome a que me pillara con los cereales en el cuarto (está prohibido comer en la habitación). La mujer no ha vuelto, no sé si es que ha dado por hecho que mi habitación pasaba la inspección, o simplemente se le ha olvidado, pero ahora voy a ser incapaz de dormir tranquila, pensando que en cualquier momento puede irrumpir en mi habitación, con su llave maestra, y pedirme explicaciones acerca del polvo acumulado en la última esquina de mi cuarto.