…que algún día me pillaba la alarma de incendios en la ducha. Ayer sonó en clase de catalán, y tuvimos que desalojar un edificio de la universidad enterito, lo cual no es ninguna tontería, esperar media hora en la calle (pude disfrutar de los 10 minutos de sol diarios que me ofrece Londres últimamente, por suerte, en ese pequeño intervalo de tiempo), y volver a entrar, haciendo cola, en el edificio. Hoy ha sonado dos veces consecutivas en el mismo edificio de la universidad (de la segunda me he librado, por suerte), y cuando estaba recibiendo el primer chorro de agua caliente, con algo de frío tras volver del gimnasio… “TIRUTIRUTIRUTIRUTIRUTIRUTIRUUU!”. Otra vez. Mierda. Paso de salir. Este sonido es insoportable, mejor bajo al patio. Salgo de la ducha sin gafas. No veo nada. Qué frío, joder. Me pongo el chándal sudado que me acabo de quitar, me seco el pelo un poco con la toalla, encuentro las gafas, se me caen al suelo, tanteo la moqueta, las encontro. Busco las llaves, cierro la habitación, y oh, estoy descalza. Vuelvo a entrar. Me pongo las deportivas sudadas, sin calcetines y con los pies mojados. Bajo los cinco pisos por la escalera, con el sonidito volviéndome loca, esto me recuerda a una secuencia de alguna película de Hitchcock. Salgo al patio y me congelo en 20 segundos. Veo que hay un chico dentro del edificio, en el portal, y decido entrar a pesar del dichoso pitido. Prefiero tener resaca mañana que un resfriado. Me tapo los oídos, y espero. Espero. Sigo esperando. Los bomberos tardan más de lo normal. Me muero de frío. El chico y yo nos ponemos a charlar como se charla en las discotecas: a grito pelado y gesticulando un montón. Es griego y yo española, y yo estoy cansada, tengo hambre (son las siete y llevo sin comer desde las 12), y no me hace gracia llevar puesta ropa sudada con el cuerpo húmedo de sudor y agua caliente. Llegan los bomberos, con sus cascos y sus linternas, los vemos subir a uno de los edificios, y deja de escucharse, por fin, el pitido infernal. La próxima vez juro que voy a quemar vivos a los que me hagan pasar por esto simplemente porque no les apetecía bajar al patio a echarse el cigarrito.