Su palabra contra la mía.
Hoy me ha pasado una cosa que me ha dejado sintiéndome entre indignada y frustrada.
Aquí curso una asignatura que me resulta bastante interesante, “Nationalism in Spain”, impartida por un profesor muy simpático y cercano. Todos los jueves hacemos un seminario en el que nos sentamos en círculo y discutimos cuestiones de filosofía política, y siempre participo. No había faltado a una sola clase (tenemos dos por semana) hasta esta semana, ya que el martes no me veía con ánimos de aparecer por ahí, en absoluto. Hoy el profesor se me sentó al lado en el círculo, y al final, como siempre se puso a pasar lista. Yo le eché el ojo al cuadrante, y me quedé boquiabierta al observar que tengo nada menos que cinco faltas marcadas, lo cual, teniendo en cuando que llevamos catorce clases, es bastante. Como el profesor es bastante simpático, le pregunté por qué tenía tantas faltas, y su respuesta, con bastante retintín, fue: “Ah, tú sabrás”.
No os podéis imaginar la rabia que me dio. Odio a la gente malpensada, me frustra muchísimo que me tomen por una listilla que intenta aprovecharse de las situaciones cuando estoy siendo víctima de una injusticia como en este caso. “No, yo sí que sé, sé que fui a esas clases, lo que no entiendo es por qué en tu lista no consta así”, fue mi respuesta… ¿su explicación? “Bueno, no contestarías cuando te nombré al pasar lista”. Ojo, yo no contesté, no es que él no me oyera. La culpa es mía, está claro, y el profesor me giró la cara después de esta respuesta, como dándome a entender: “encima de que has hecho pellas no me hagas perder ahora el tiempo”. Así, sin más, sin darle más importancia. ¿Con qué cara voy yo ahora a llamar a la puerta de su despacho a decirle: “oiga, llevo tres días haciendo memoria, y creo que sí que fui a la clase de la tercera semana…”?
No sabéis hasta que grado me siento impotente en estas situaciones. Creo que soy demasiado ingenua, a veces. Aquí, si pierdes más de tres clases de manera injustificada, vas al suspenso directamente. Yo no sé cómo funciona la memoria de este hombre, pero la mía va probablemente mejor que la suya. Yo me acuerdo de prácticamente todos los seminarios, porque para todos he leído dos artículos larguísimos, y en todos y cada uno de ellos me he implicado y he intentado contestar a sus preguntas y plantearle mis opiniones. Y no a todos me interesaba ir, y en cualquier caso, es mi trabajo, y debe ser reconocido. No me merezco esto, pero me parece en general una situación bastante surrealista. En mi clase somos alrededor de 15 personas, ¿cómo puede pasársele por alto tantas veces mi presencia? ¿cómo le demuestro ahora que hace un mes y medio yo estuve allí, opinando sobre Conversi, tratando de razonar cuál es el origen de la nación?
Es su palabra contra la mía, sin duda, y está bastante claro quién manda.
Comparte este artículo
Licencia de los contenidos
Esta obra está protegida por una Licencia Atribución-NoComercial-SinDerivadas de Creative Commons.