Cuando sale el Sol, Londres parece otra ciudad. En los últimos días he paseado por Marylebone, he jugado al frisbee Regent’s Park, he comido sushi en St. James’ Park, he disfrutado de las vistas nocturnas desde el jardín de la azotea de uno de los clubes más exclusivos de Mayfair y he probado quesadillas a la brasa regadas con Pimm’s con limonada y rodajas de pepino en una multitudinaria barbacoa en un calurosísimo domingo en Victoria Park. La buena vida durante unos pocos días, una pequeña cura para el alma.Hoy se me ha cerrado la última puerta a la que había llamado pidiendo oportunidades de cara al curso que viene. Aunque estoy bastante decepcionada, no voy a negarlo, creo que me lo tomaré como una señal. Estos pocos días de descanso han sido un prisma desde el que ver el mundo de otra manera, como hacía mucho que no lo miraba. A lo mejor esta falta de planes es una buena oportunidad para seguir haciendo lo mismo. Poco a poco he ido dejando de tomarme en serio la vida. Y es ahora, con esta ligereza, con esta despreocupación, cuando más fácil se me hace no tomar ninguna decisión respecto a nada. No sé si esto es una liberación o una condena. El tiempo dirá.