Pues sí, este fin de semana ha estado aquí Pavlo, y ha sido maravilloso. Nos hemos dedicado, básicamente, a pasear por Londres, comer cosas ricas, mirar escaparates de tiendas ideales y experimentar la ineficiencia del metro en todo su esplendor.

El viernes, una hora después de que Pavlo aterrizara en Gatwick, intentamos llegar hasta el Wagamama que hay en Southbank, dando un paseo, para cenar allí, pero eran casi las once de la noche, Pavlo tenía frío y sueño, y a mi me agobiaba pensar que nos iban a cerrar todas las cocinas, así que cenamos en un italiano que está muy cerquita de mi residencia, al lado del río.

El sábado fue otro día, con Pavlo descansado y tiempo para hacer más cosas. Yo me moría de frío todo el tiempo, así que tuvimos que parar a comprar algo caliente en el Caffé Nèro. Pedí un hot chocolate y un latte decaf a una barista francesa que trabajaba como trainee, y que al parecer no va a durar mucho, porque cuando nos dimos cuenta (y fue demasiado tarde, por cierto) le había puesto a Pavlo un americano en vez de un latte, con el que se quemó la lengua y se pringó los dedos. Después de dar una vuelta por Covent Garden y de que Pavlo se quedara con las ganas de comprarse todo lo que había en Ted Baker, nos fuimos paseando hasta el Soho y comimos fish and chips en un típico british pub. A partir de aquí no tengo demasiado claro por dónde anduvimos, porque era Pavlo el del sentido de la orientación y los mapas, aunque puedo decir que estuve en Carnaby Street y alrededores antes de coger un autobús para ir a Notting Hill.

Allí dimos una vuelta por Portobello Road, en la que aunque estaban desmontando los puestos de antigüedades, pudimos ver cosas curiosas. Lo que más me impactó fue un tenderete en el que vendían bolsos vintage de Chanel. No pregunté el precio de ninguno, pero deduje que al ser bolsos viejos que se vendían en un puesto desmontable en medio de la calle, sin garantía ni certificados de autenticidad ni de antigüedad de ningún tipo, no podían ser muy caros. Me quedé con la boca abierta cuando una chica le preguntó a la señora del puesto por el precio de un bolso, y la otra contestó “219 pounds”… ¡¡¡¡219 pounds!!!! ¿Quién se gasta ese dineral en un mercadillo, en una sola compra? Alguien que lleve más de 600 libras en efectivo en el bolso de manera cotidiana, porque si no, no me lo explico… ¿quién lleva tanto dinero encima y no tiene reparos ni inconvenientes en gastárselo todo en “quincallas” como esa? ¿Kate Moss?

Después de dar un viaje doble en metro en el que mi oyster card se quedó misteriosamente en balance negativo a pesar de que le había recargado 5 libras la tarde anterior, pudimos llegar a la residencia para descansar un poco, antes de ir a cenar al centro. Pavlo me llevó a cenar a Busaba Eathai al Soho, un tailandés que me encantó, de beber pedimos un smoothie de jazmín con plátano y mora que estaba buenísimo, pero de comer me pedí un pato al curry super picante ¡que me costó trabajo terminarme!. Para el postre fuimos a una pastelería ideal de la muerte de Carnaby Street donde ponen unos cupcakes mortales, muy al estilo Chotda, donde me comí uno de Banoffe (bizcocho de banana con trocitos de banana y toffee, rellena de crema de toffee, con glaseado de plátano y un caramelo de toffee encima) que estaba buenííísimo. Hacía muchísimo frío, así que después para casa directos.

El domingo se puede resumir en una palabra: Candem market. Pavlo se compró (se la iba a comprar yo pero no admitían tarjetas) una lámina de Schielle con los “Cuatro árboles”, y otra con el cartel de Annie Hall, para decorar su cuarto. Comimos comida japonesa a la orilla del río, y después tiendas y más tiendas, mucha gente, mucho frío, muchas cosas bonitas y mucha pena porque Pavlo se iba, hasta que se fue, a eso de las cinco de la tarde, y yo me volví, muerta de sueño y de frío, a la residencia, que se ha quedado muy vacía ahora que él no está :(