Ayer estuve seis horas rodando unas 40 tomas de las 200 que componen el corto “What we talk about (when we talk about love)” que nos traemos entre manos los componentes de la “Filmmakers society” del King’s College London. El corto está basado en una novela homónima de Raymond Carver, y es bastante sencillo, a pesar de lo cual el rodaje sigue siendo largo y a veces complicado.

La historia tiene lugar íntegramente en el salón de la casa de Paul, el director de la película, que vive en Shepherd’s Bush, una zona algo pobre del Oeste de Londres, en una típica casita inglesa con su jardincito a la entrada y habitaciones de techos altos con decoraciones de escayola labrada. Para el rodaje habíamos alquilado tres focos de gran potencia, un equipo de sonido con dos micros con pértiga, una cámara en HD y un monitor de visionado. El equipo, aparte del director y los cuatro actores,  está compuesto por dos chicas de sonido, un cámara, un productor y asistente de guión, y una maquilladora, responsable de continuidad y asistente de timing, que vengo a ser yo.

Como sólo hay cuatro actores que no cambian ni de decorado, ni de tiempo, ni de vestuario, hacer el maquillaje y la peluquería era tan simple como aburrido, así que me ofrecí a hacer el timing, que consiste, básicamente, en ir anotando cuándo empieza y termina cada toma exactamente, y a que escena se corresponde. La verdad es que rodar es bastante más pesado de lo que pensaba, sobre todo si esperan hacer luego un montaje tan dinámico como el director quería. En un corto que no va a durar más de 20 minutos en su escena final, llevamos, de momento, más de seis horas de rodaje. El principal problema no es que los actores se olviden del guión (eso apenas sucedía), sino básicamente el sonido. Los coches de policía, los vecinos, el motor del frigo que está dos habitaciones más allá y que empezaba a hacer sonidos extraños, y hasta un gato que saltó a la ventana y se puso a arañar los cristales quedaban registrados en medio de la toma perfecta y nos veíamos obligados a cortarla y volver a empezar.

No obstante, el buen rollo generalizado que había y la emoción de estar rodando por fin un proyecto que empezó hace unos tres meses hacía todo muy llevadero y divertido. Las risas entre toma y toma estaban aseguradas y las bromas eran constantes, sobre todo las relacionadas con el título (”What we talk about when we talk about… “inserte su coña aquí” “). Hoy el rodaje continúa, y había dicho que intentaría estar allí, pero mucho me temo que voy a renunciar: tengo un partido de squash hasta las 5, por lo que llegaría tarde al rodaje, y lo de quedarme allí hasta las 2 de la mañana, como plantearon ayer, no me parece factible, sobre todo teniendo en cuenta que el martes tengo un examen para el que todavía apenas he estudiado… sin embargo, la experiencia me gusta tanto que estoy planteando pasarme aunque sea un ratito… todo sea por experimentar unos segundos ese momento místico en el que, sentada a oscuras en el pasillo veo cómo en el monitor de visionado aparece, fruto del trabajo coordinado y el entusiasmo de todos, el actor convertido en personaje, el set en un salón de verdad, el guión hecho realidad… y es que eso es el cine, al fin y al cabo: magia.