“You should do something with your hair…”
…me ha dicho esta mañana mi jefe, tras indicarme también que mis vaqueros negros no le acababan de convencer como vestuario de trabajo, mirándome por encima del hombro, señalándome como quien muestra una pila de platos sucios que hay que fregar.
“And you should do something with your tongue”, debería haberle contestado yo. Maldito imbécil, será borde. Me puede decir lo mismo de manera educada y menos ofensiva. En dos días de trabajo, en ningún momento ha tenido un sólo gesto amable conmigo, sino todo lo contrario: ni si quiera se presentó cuando me hizo la entrevista de trabajo. He afirmado con la cabeza y a partir de ese preciso instante he comenzado a despreciarlo profundamente por despreciarme él a mí. He concentrado todas mis energías para que vea en mi mirada lo que pienso: que él es el manager de un restaurante, y yo una camarera del mismo; él con su traje y su corbata (elegidos con un gusto bastante rancio, por cierto), sus rizos engominados apestando a Armani, y yo con mis vaqueros y mis rizos al natural, ganando una tercera parte de lo que él se lleva a fin de mes, me imagino, y aun así, él sigue sin tener derecho a tratarme como quiera, pero yo ahora ya sé que él es lo suficientemente ridículo como para intentar calmar sus complejos de inferioridad conmigo. “Serás tonto”, le digo con la mirada ahora cada vez que me habla, “tú te has colocado por debajo de mí, intentando demostrarme todo lo contrario”. Lástima que rara vez me mire a la cara cuando cruzamos palabra.
La gente así me revienta… pero lo mejor es dejarlos que se estrellen ellos solos contra tu impasividad. Por algo dicen que el mejor desprecio es no hacer aprecio.
Un abrazo enorme